NUEVA GEOPOLÍTICA

Los retos económicos e internacionales de nuestro país: Juan Carlos Arosemena V.

Vemos con preocupación que el pragmatismo en materia económica e internacional, aquel que busca conciliar intereses dispares en aras de alcanzar victorias posibles y realistas, pragmatismo que guió las actuaciones de diplomáticos de renombre como Ricardo J. Alfaro, Miguel Moreno, Aquilino Boyd y Juan Antonio Tack, hoy en nuestro país se diluye en medio de las improvisaciones del presente gobierno, y un estado de zozobra política y social que amenaza con descarrilar el progreso alcanzado.

En efecto, cuando la Universidad de Harvard, en 1938, invitó al Dr. Alfaro a ofrecer una serie de conferencias sobre el sistema internacional, el destacado diplomático panameño en ese momento ofreció sus perspectivas sobre los retos del sistema continental. El sistema que gira alrededor de las relaciones entre los países americanos no solo tuvo como propósito solidificar la unión política entre países fraternizados por la singular geografía de nuestro istmo, sino también estrechar relaciones comerciales y resolver afrentas comunes. Hoy atestiguamos la transformación de ese sistema, el surgimiento de nuevos bloques a nivel regional abre espacios económicos y políticos en la nueva geopolítica. Pero en medio de un panorama económico mundial incierto, también es evidente una tensión entre los beneficios del libre comercio y las reivindicaciones sociales de amplios sectores.

A nivel económico, la aprobación del Tratado de Promoción Comercial constituye un cúmulo de retos y oportunidades que debemos enfrentar por encima de consignas partidistas. El TPC, si bien nos otorgará igualdad comparativa con países con arreglos similares, propiciará cambios profundos en la agricultura local. Dentro de las lineamientos permitidos por la OMC, al Gobierno le corresponde diseñar un paquete “verde” que apoye la investigación y la inversión en infraestructura agrícola, a fin de reestructurar las actividades del sector y lograr hacerlas más productivas, tal como lo hizo Brasil con su empresa de investigación y modernización agropecuaria décadas atrás. Con respecto a la institucionalidad, el reto radica en eliminar el espectro de la corrupción y la dependencia de los órganos Legislativo y Judicial con el Ejecutivo para aplanar el terreno de juego, y con ello agilizar y atraer inversiones extranjeras. Hasta tanto no se aborden eficazmente las denuncias que hoy cautivan los titulares y no se dé una real independencia entre los tres órganos del Estado, poco se avanzará en la dirección de crear bases sólidas para un crecimiento y desarrollo sostenible.

Tenemos que demostrar equilibrio en nuestras relaciones internacionales y buscar los derroteros más provechosos para nuestros intereses nacionales. Hace falta dirigir nuestras prioridades y recursos más allá de Centroamérica; al sur del continente y al Pacífico. Si bien la presente administración reafirmó el año pasado la intención de lograr plena membresía dentro del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, tenemos que evaluar de forma amplia nuestra posición respecto al creciente poder de Asia en el contexto de nuestra realidad diplomática, que por destacar un punto, insiste en reconocer a Taiwan por encima del peso de la China Popular.

Asimismo, dirigir nuestra mirada al sur también implica decisiones similares.

Panamá tiene un acuerdo con Chile (que rige desde 2008), pero expandir vínculos comerciales y políticos en América del Sur implica un análisis sincero de cómo Panamá puede insertarse exitosamente en las estrategias de países que harán mejor uso de nuestra posición geográfica y logística. Paralelamente, debemos reformular una estrategia efectiva en la promoción de nuestro país y nuestros productos en el exterior más allá de ferias comerciales, a fin de beneficiar a los productores, trabajadores y empresarios nacionales.

Con la exitosa transferencia del Canal tras décadas de negociaciones, hoy el norte de nuestras relaciones internacionales reside en nuestra inserción efectiva al sistema internacional a nivel político, económico y geopolítico. De esta manera lograremos situar a Panamá como un punto de encuentro diplomático, producto de nuestra posición geográfica y nuestra disposición histórica para mediar en conflictos –ya es hora de que Panamá recupere un papel de liderazgo en la región y a nivel mundial, tal como lo hizo en los años 70.

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