SOCIEDAD

¿Para qué la educación?: Víctor Manuel Álvarez Franco

A lo largo de los años, esta pregunta cobra cada vez más importancia debido a su aporte decisivo en el progreso de los países. No podemos hablar de desarrollo sin educación. Ni educación sin desarrollo. Por ello, cada día es más importante la discusión que se produce en círculos académicos, empresariales, políticos. Anotamos lo que Chateau St Jean estableció en su obra Grandes pedagogos: “No existe colectividad humana que no transmita a las nuevas generaciones sus instituciones y sus creencias, sus concepciones morales y religiosas, su saber y sus técnicas; pero esta transformación se efectúa al principio de una manera espontánea e inconsciente”.

En su concepción legal también es importante destacar que nuestra Constitución Política establece en el artículo 91 que todos tienen el derecho a la educación y la responsabilidad de educarse. A su vez, la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclama en el artículo 26 que “toda persona tiene derecho a la educación”.

Conociendo y comprendiendo este fundamento legal, es responsabilidad del Estado y de los ciudadanos reclamar una educación de calidad para todos con equidad. No en vano el escritor Ernesto Sábato concibe a la educación como: “Lo menos material que existe, pero lo más decisivo en el futuro de los pueblos, ya que es su fortaleza espiritual”.

Sin embargo, la educación, como toda actividad social, ha ido evolucionando, poniéndose a tono con el desarrollo de la humanidad y el vertiginoso desarrollo científico y tecnológico. Hemos pasado de la más pura y tradicional oralidad, a una educación tecnológica que ha acortado la distancia y democratizado el conocimiento con un acceso ilimitado al mismo. Pero, ¿tanto conocimiento será acaso mejor? ¿o por el contrario hemos perdido de a poco la capacidad de discernimiento y más aun la de asombro que requiere todo el que quiera ver y descubrir el mundo con actitud científica? Propongo a toda la comunidad educativa y en especial a los que piensan y reflexionan la educación sobre la imperante necesidad de ayudar e instruir a nuestras actuales y futuras generaciones, en ser críticos e investigativos al momento de acceder al conocimiento.

Hoy es el momento de revolucionar la educación, pero no de manera fría y despersonalizada como muchos practican, condenando al fracaso y frustración a miles de jóvenes. Yo propongo, en todas las materias dentro de nuestros ejes transversales, tocar tres ejes fundamentales: la investigación, el arte y la moral. Y procedo a sustentar mi hipótesis brevemente. La ciencia es arte y el arte es ciencia, pero ninguna de las dos puede obviar la moral. Es decir, qué bonito sería tener futuros profesionales que admiren la belleza y toda la sensibilidad que ella conlleva, pero además con criterio científico y una sólida base en valores. Alguien dijo que soñar no cuesta nada. Pero sin sueños, la vida sería un bostezo. Y, ¿para qué la educación?, para hacer realidad los sueños.

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