RELACIONES

´Nos enamoramos, nos unimos, pero ya nos separamos´: Miguel Ángel Mendieta Cárdenas

Esta frase suele ser dicha con frecuencia en nuestros tiempos. Muchas veces los porqués quedan en el aire y la misma persona no logra comprender qué paso y a qué se debió el fin de la antes idílica relación sentimental.

Pero analicemos el proceso del amor. Diremos siguiendo a Rolón (2012) que el proceso amoroso sigue tres etapas fundamentales. La primera, el enamoramiento. La segunda, la desilusión o decepción, y la tercera, el amor maduro o amor real.

Veamos. Sin duda todos hemos pasado por ese estado denominado estar enamorado. Repentinamente una persona se constituye en el centro de nuestras fuerzas y deseos, súbitamente la omnipresencia se encarna en ella, su mirada se encuentra en todas partes y nuestro cuerpo parece debilitarse ante su solo “hola, ¿cómo estás?”. Esta es la primera etapa del amor.

De más está decir que muchas veces caemos en la errada concepción de que esto será así por siempre. La realidad es otra. Después de unos meses, comenzamos a experimentar una extraña percepción. De imprevisto la imagen del antes todo perfecto humano se empieza a diluir, comenzamos a ver de manera menos idealizada a nuestro objeto amoroso (pareja). Ahora notamos que siempre reacciona casi igual, que siempre hace lo mismo, que tiene costumbres molestosas y que muchas veces hace cosas que nos hieren y entristecen.

Estamos en presencia de la etapa de desilusión. En esta etapa se experimenta tristeza por lo que es y por lo que no fue.

La mayoría de las relaciones termina en esta etapa. Y es que muchas veces al comenzar a ver al otro (a) tal y cual es en realidad, con sus defectos y manías, como dice la canción, damos por terminada la relación.

Otras veces al no sentir aquel fuego y emoción existente al inicio creemos que la relación no vale la pena.

Sin embargo, lo cierto es que el verdadero amor no nace sino después de pasar las antes mencionadas etapas. La tercera etapa del proceso nos acerca a una realidad más objetiva de la persona a la que amamos. Aprendemos a aceptarla y a valorar sus sentimientos y virtudes, pero también a reconocer que al igual que nosotros no es perfecta.

Preguntémonos cuántas relaciones se terminan por ignorar que no todo es color de rosa todo el tiempo, o que también es preciso aprender a amar. Quizás muchas rupturas amorosas, divorcios y abandonos del hogar se evitarían si nos propusiéramos amar de forma madura.

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