CAMBIO DE ESTRATEGIA

La encrucijada de la educación: Paulino Romero C.

La educación panameña sigue en la encrucijada, ante sus manifiestas falencias y continuos fracasos. Se comprueba cada día que el sistema educativo vigente está determinado por las variables del mercado y por la marcada diferencia en los servicios educacionales a los que pueden acceder los ciudadanos, según sus niveles de ingresos.

Tales argumentos pretenden sostener la argucia de que la educación pública oficial es deficiente por esencia y le cuelgan, de modo perverso, la imputación de que por ser de carácter oficial, es culpable de los fracasos e insuficiencias características en los últimos 25 o 30 años, que justificarían las supuestas ventajas del sistema actual, en el que casi todo ha quedado sujeto a las reglas mercantiles, y el rol del Estado parece destinarse a garantizar ciertos accesos mínimos para los pobres, pero el grueso de los recursos que reparte sirven para financiar otros proyectos orientados de forma exclusiva al paternalismo y clientelismo político, al lucro de ciertos sectores, instituciones y personas.

Sin embargo, diversos expertos involucrados ideológica, política y económicamente con el actual estado de cosas no dudan en señalar las excelsas virtudes del modelo, sosteniendo la idea de que es mejor que los anteriores, cuando el Estado tenía la verdadera responsabilidad, gestión y conducción de la educación. Es cierto que cuando esta descansó en el esfuerzo estatal, hubo insuficiencias de cobertura y que, en determinados aspectos, fue incapaz de darle solución a problemas estructurales.

Aun así, la enseñanza pública bajo la impronta del Estado-docente obtuvo logros que trascendieron las fronteras e importantes educadores panameños eran invitados a otros países americanos en los que servían como expertos y asesores, para enfrentar los problemas educativos de otras zonas del continente que, por ejemplo, reconocían la capacidad de Octavio Méndez Pereira, José Daniel Crespo, Otilia Arosemena de Tejeira, Francisco Céspedes, Ovidio A. De León, Bernardo Lombardo y muchos otros.

Pero nadie pretende reconstruir el antiguo modelo. Sería absurdo. Recordar los logros del pasado tiene como propósito exclusivo, enfrentar la falacia de que el sistema neoliberal de educación es mejor. La tarea es construir uno de carácter nacional, laico e igualitario en las oportunidades. No se trata de condicionar o poner en riesgo la existencia de los colegios privados o particulares, y las oportunidades que estos ofrecen a quienes tengan la posibilidad de elegir tal opción.

Un sistema público de educación (bien planificado) es una apuesta a favor del robustecimiento de la identidad nacional, de un sentido de unidad de país, de integración en torno a objetivos comunes. Es integrador, une respecto a contenidos y objetivos, así como congrega la diversidad social. En ese sentido, es una contribución efectiva a la movilidad social, y garantiza las oportunidades.

Infortunadamente, nuestro sistema educativo resultó muy afectado durante la “era Martinelli/Molinar” (2009/2014), fue un quinquenio nefasto, que se caracterizó por “el culto a la personalidad, el desprecio al derecho y a todos los valores del espíritu”.

La educación pública requiere inversión significativa por parte del Estado y debe articularse desde la etapa preescolar hasta la universitaria. Es decir, no solo construyendo jardines infantiles sino procurando que los niños y jóvenes tengan una excelente educación básica, premedia, media y universitaria.

Demanda, también, una inversión en la formación de docentes involucrados con el proyecto nacional y societario integrador. La educación pública, nacional y laica ayuda a construir el país, supera las diferencias e integra social y culturalmente.

Satisface la más sentida de las aspiraciones de toda familia marginada de los grandes logros del mercado, que es procurar que los hijos obtengan una educación adecuada para que aseguren su futuro.

De todas las cosas que puede y debe hacer el Estado a favor de las personas, satisfacer las necesidades de educación y salud es lo más trascendente y determinante para la vida de quienes no tienen los recursos suficientes. Con esto también se garantizan las oportunidades que los niños y los jóvenes son capaces de forjarse, con motivación y esfuerzos, no importa la condición socioeconómica de sus familias. El cambio de estrategia es determinante para el futuro del país, y de cara a superar un sistema que solo nos ha traído fracasos, a pesar del mañoso manejo de las cifras que hacen los sectores comprometidos con resguardar los intereses de quienes se benefician con el negocio de la educación.

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