EL MALCONTENTO

Todo es un error: Paco Gómez Nadal

De verdad que hay días en que uno se pregunta qué habrá hecho Panamá, la hermosa y maltratada Panamá, para merecer esto... Un buen amigo me explicaba una vez con argumentos históricos de enjundia que, en realidad, el país más castigado de América Latina era Panamá: condenado a ser mero paso, colonizado por los restos de la Colonia, usurpado por rentistas de dudoso patriotismo, independizado a golpe de intereses ajenos, triturado en la fundición de las esclusas, zarandeado por militares y manzanillos y, ahora, condenado a una democracia de fantoches.

Este pueblo no merece tanto “error” histórico; este pueblo, que ha luchado por sus derechos, por su soberanía, por cada centímetro de tierra y cada átomo de dignidad, no merece que todo sea un error; un triste error que siempre se puede anticipar porque, en realidad, forma parte de un guión prediseñado.

Es doloroso leer, como una noticia más, que el Tribunal Superior de Chiriquí, confirmando la impunidad y la desvergüenza del sistema judicial, haya cerrado el expediente por el homicidio de Antonio Smith y Virgilio Castillo durante la brutal represión de las protestas bananeras en Changuinola, en julio de 2010. Es muy doloroso. Caminé en el funeral de Antonio y Virgilio junto a los familiares y a los trabajadores y el sentimiento compartido era el de rabia. Todos y todas sabían allá que no habría justicia, que los pobres nunca son sujetos de derechos, que la justicia es un lujo en Estados donde siguen siendo cuatro gatos los que gobiernan y los tribunales son meros instrumentos a su servicio. Así lo ha demostrado el Tribunal ahora. No solo se abstiene de juzgar a los responsables materiales e intelectuales de estas dos muertes salvajes, sino que no investiga a las otras ocho víctimas mortales relacionadas con la actuación policial, cuyos casos estaban documentados tanto por la ya olvidada Comisión Independiente nombrada (y luego vilipendiada) por Martinelli o por Human Rights Everywhere (la ONG que coordinaba en Panamá y cuyo detalladísimo informe pavimentó el camino para nuestra expulsión del país).

Se confirma así que Panamá es un Estado fallido, porque cuando no hay justicia da igual lo que haga el Órgano Legislativo o el poder Ejecutivo: todo estará viciado de origen y los ciudadanos siempre se sabrán indefensos ante los abusos del poder o de los poderosos.

Esos poderosos que cometen errores, demasiados errores. Así justificó en su momento Martinelli la represión de Bocas del Toro; así se justifica ahora el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, cuyos errores ocuparán un sitio privilegiado en la vitrina de la vergüenza nacional y del irrespeto por la ley.

Hace 10 días se pavoneaba presumiendo de la legalidad de la restitución del salario a Gustavo Pérez, pero ahora, en la magnífica (por lamentable) entrevista que le hizo este diario, dice que fue un error, que firma papeles de suma importancia política sin mirarlos... reconoce que la Seguridad del país está en manos de alguien que poco responsable. La entrevista es un homenaje a la soberbia (no es la primera vez que Mulino saca las garras) y, entre otras lindezas, cuestiona a la sociedad civil, porque no ha sido elegida en votación popular. El pobre señor Mulino comete otro error: a él tampoco lo ha elegido nadie por votación. Él es fruto de la locura autoproclamada del Presidente de la República, el único que puede presumir, junto al defenestrado Varela, de ocupar su puesto, porque así lo quisieron los electores.

Todo es un error. Todo. Porque si viviéramos en la certeza este señor no podría ser ministro y las familias de Antonio y Virgilio, víctimas de las órdenes dadas por Mulino (condecorado por un Presidente de Colombia sobre el que pesa la muerte de cientos de jóvenes en el caso de los falsos positivos), hoy podrían irse a dormir igual de pobres, pero satisfechas porque la muerte de estos hombres sirvió para algo. Todo es un error, tanto que Mulino acierta al recordarnos que ya no vivimos en dictadura, pero se equivoca al aseverar que Panamá tiene una democracia. Hay muchas maneras de definir este estado de cosas y este irrespeto a las formas a la legalidad y al estado de derechos, pero ninguna de ellas es “democracia”. Todo, todo es un error.

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