PERMANENTE INDAGACIÓN

¿Por qué escribe un escritor?: Enrique Jaramillo Levi

A menudo se ha dicho que el mundo es inescrutable. Lo cual apunta al concepto de lo enigmático, aquello que por extraño o impredecible no se puede prever. Y quien dice prever dice comprender. Es decir, el mundo estaría más allá de nuestra capacidad de desciframiento.

Pero como por lo general los escritores somos más bien rebeldes y algo osados y nada asiduos a la conformidad intelectual, ante los desafíos de las situaciones externas y los recovecos más resistentes del alma –esos que no se dejan auscultar o que, permitiéndolo, no arrojan resultados satisfactorios–, entonces indagan, reflexionan, escriben y, en el proceso, continúan cuestionando cada inflexión, cada matiz, cada contradicción y cada área oscura de la vida y, de paso, de los seres humanos.

En ese sentido, se escribe para saber. Y aunque nunca se logre del todo, está demostrado que una adecuada e irrepetible combinación de intuición, experiencia vital, imaginación sin límites y un dominio escritural expresado en cualquier lengua, es capaz de proveerle al genuino talento artístico la capacidad de profundizar de forma singular en los misterios de al menos algunos aspectos de la experiencia humana. Y no pocas veces el escritor termina descubriendo y aceptando que, paradójicamente, lo profano y lo sagrado se solapan más que contraponerse en los rituales de lo cotidiano.

Asimismo, se le revela también la naturaleza proteica de todo lo que pasa o deja de ocurrir, así como el carácter a menudo híbrido de sus antecedentes y sus consecuencias. Y sobre estos descubrimientos, más bien confusos, no puede menos que escribir, ya que haciéndolo logra encarnar sus búsquedas y de paso expresa sus cuestionamientos, que no son más que maneras oblicuas de tratar de entenderse mejor a sí mismo y, de paso, a los demás.

De tal forma que, en realidad, escribe fundamentalmente para negarse a la oscuridad, a la ignorancia, al vacío existencial que, en el fondo, le es consubstancial.

Para lograrlo con cierto grado de eficiencia, a menudo opta por la ficción –novela, cuento–, que no es más que una necesidad de contar historias y de colocar como protagonistas de estas a sucedáneos de seres humanos iguales o parecidos a él (ella). Es decir, mediante la creación de personajes. Seres que, como actores en escena, representan a otros seres, para lo cual buscan ser verosímiles álter ego semánticos, y por tanto literarios, de personas de carne y hueso.

Se escribe, pues, como una suerte de permanente indagación y vislumbre, independientemente del tema elegido, del argumento, de la trama inventada para darle a la historia una fiel semblanza de vida, de realidad creíble; como una forma de ir poniendo en evidencia los avatares de la existencia y de la psiquis, de la memoria y la cotidianidad que no se detiene, de la imaginación y la vivencia externa.

Se escribe para demostrar que nada humano es plano ni esquemático, ni tampoco intrascendente aunque parezca serlo; que nada está del todo vacío de significado. Para afirmar la inconformidad, para poner de manifiesto la convivencia inaudita de lo frágil con lo sólido, de la cobardía más abyecta con el heroísmo, de la desesperanza con la fe. Para dar testimonio del amor y el odio, del egoísmo y la solidaridad, de la entrega y la renuncia, de los celos y la solidaridad.

La literatura no da respuestas, las busca; no resuelve, cuestiona; no puede ser complaciente sino iconoclasta sin importar las consecuencias ni tampoco las inconsecuencias de su a menudo anárquico proceder. Así, escribir es desnudarse, incomodar; causar dolor mientras se da placer o viceversa. Y a un escritor auténtico inexorablemente lo habitan innumerables voces, que no obstante terminan siendo una sola: la suya.

Acaso ocurra que cada día que pasa, cada día luminoso o adverso en que un escritor escribe sin concesiones, con irrefrenable densidad, estemos más cerca de una inevitable fusión literaria de la más honda introspección –con sus implícitas manifestaciones no pocas veces esquizoides y condenadas a la alienación total–, con los clásicos desplazamientos por los rincones del mundo en busca de mejores horizontes, a veces como una simple aventura, desafiando toda clase de adversidad en el camino.

Y que en esa lucha, en esa mancuerna de sincronías y disfunciones, se consagre de nueva cuenta, como en las más antiguas sagas, como en la Ilíada y en la Odisea, como en El Quijote, como en Cien años de soledad, la esencia más prístina del ser humano: su encarnizada lucha cotidiana por encontrarse; por no dejarse aplastar ni por el entorno ni por la fuerza ominosa de su propia tendencia a la autodestrucción.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Donderis instó a la población del país a seguir los informes oficiales.
LA PRENSA/Archivo

Se recomienda mantenerse alejado de las zonas de playa Hay aviso de prevención por incremento de oleajes y vientos

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

10 Dic 2017

Primer premio

1 7 9 9

CAAB

Serie: 10 Folio: 14

2o premio

6088

3er premio

4097

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código