CORRIENTES.

Entre fabianos y marxistas te vieras

En una visita que hice a Vietnam, me impresionó grandemente la visión económica que tienen los comunistas de ese país. Estos explicaban que, luego de la guerra con Estados Unidos, su gobierno adoptó políticas colectivistas, eliminando completamente la propiedad privada de todos los medios de producción (tierra, empresas, etc.). El resultado de esas políticas fue que llevó al país a una situación de hambre nunca antes vista. De ser un país exportador de arroz, el principal alimento de los vietnamitas, pasó a ser un país importador de arroz.

Fue evidente, pues, que estas políticas habían fracasado. Eso los hizo recapacitar e iniciaron en 1986 una política de reestructuración económica (como una versión nacional de perestroika). Privatizaron empresas y titularon tierras, permitieron el capitalismo privado y la iniciativa individual, y el resultado no se hizo esperar. Vietnam ha logrado, en la actualidad, superar sus tiempos de hambruna y lleva un ritmo de crecimiento importante (un promedio de 8.6% anual en la década de los noventa).

Mientras tanto, en nuestro país, Panamá, la lucha política se está planteando entre dos versiones de colectivistas, a las que la historia y, hasta los propios socialistas, han dejado atrás: los fabianos y los marxistas.

Los primeros toman su nombre de un general romano, Fabio Cunctator ("El Temporizador"), célebre por su táctica militar expectante, que rehuía iniciar los combates decisivos. Los fabianos defienden la substitución de la economía de mercado por una colectivista, pero no a través de una revolución, sino que propugnan que dicha substitución se lleve a cabo de forma gradual, por evolución del sistema democrático. Su máxima es la de "a cada sociedad la cantidad de colectivismo que pueda asimilar".

Los marxistas, por su parte, se proponen lograr el colectivismo mediante la revolución o mediante la toma del poder dentro de los sistemas democráticos liberales, para llegar a colectivizar la economía desde el poder.

Ya para finales del siglo XX, casi todos los partidos políticos socialistas importantes, dejaron atrás el fabianismo. Uno de sus representantes más destacados, el Partido Laborista inglés, nacido del intelecto de la sociedad fabiana, lanzó por la borda de su barco ideológico los últimos vestigios fabianos en el año 1996, adoptando el famoso "third way" de Tony Blair.

Esta tercera vía no es más que la aceptación del hecho innegable de que la economía de mercado es la única que logra el progreso material de las personas y que, por tanto, el nuevo socialismo debe poner el énfasis en impulsar políticas sociales sin afectar la economía de mercado.

Esto sucedió porque en el Reino Unido fue evidente que las políticas colectivistas impulsadas por los fabianos habían fracasado. Es exactamente el mismo caso que les ocurrió a los comunistas vietnamitas con sus políticas colectivistas (igual al de todos los países que han seguido ese camino). Lamentablemente, en Panamá aún tenemos personas impulsando estas políticas fallidas.

Desean para nosotros el atraso y la servidumbre personal que impone el socialismo colectivista. De este modo, tenemos un grupo de fabianos influyendo decisivamente en las políticas económicas del gobierno y un grupo de marxistas oponiéndoseles desde las calles, en busca de la revolución o el poder revolucionario.

Los primeros han logrado que se adopte una serie de medidas que destruyen la esencia de una economía de mercado, al establecer impuestos sobre las empresas, ganen estas o pierdan. Los segundos creen que destruyendo la viabilidad del Seguro Social, alcanzarán al mismo tiempo la destrucción de la economía de mercado por el apalancamiento de los jubilados con sus pensiones.

Entre los dos van a acabar con el sector privado y harán crecer el estatismo improductivo. Fabianos y marxistas resaltan vocalmente las diferencias entre pobres y ricos, con la finalidad de provocar el resentimiento social y alcanzar así sus propios planes de destrucción de la iniciativa privada, en especial de los emprendedores individuales y de las PYMES, que son su raíz.

Los fabianos piensan que el crecimiento de la empresa del Canal, mediante su ensanche, permitirá asimilar el golpe que ya le han dado a la empresa privada.

Los marxistas sólo quieren acabar con el sistema y están satisfechos porque los fabianos les han hecho el juego, ya que así obtendrán que estos destruyan la economía de mercado y ellos, luego, se encargarán de lograr un no rotundo en el referéndum sobre el Canal.

Yo, mientras tanto, me pregunto si los panameños seremos tan bobos de permitir que nuestro futuro nos lo dicten, en esta coyuntura, políticos que promueven opciones que han perdido validez para siempre. Por lo pronto la maldición de "entre abogados te vieras" parece benigna frente a la que nos han lanzado los fabianos y marxistas.

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