SOCIEDAD

La familia contemporánea: Alberto Valdés Tola

Según algunas personas, religiosos y estudiosos, la familia en la contemporaneidad se encuentra en crisis, argumento este que según dicen se evidencia en fenómenos socio-criminógenos como la violencia doméstica, el abandono o negligencia a menores, el embarazo y aborto en adolescentes y otros comportamientos relacionados con la delincuencia juvenil, la toxicomanía y suicidio de estos últimos. Por ende, la familia como núcleo social de la sociedad y garante de la reproducción, socialización y manutención de los hijos y el control social parece ser el principal culpable de estos males.

A pesar de que estos argumentos no carecen de veracidad, en algunas circunstancias no son del todo cónsonos con la realidad del siglo XXI, que exige a la familia como institución social una serie de cambios dinámicos y estructurales. Estos, si bien afectan en ciertos aspectos la mecánica interactiva de sus miembros, también son receptores del mundo contemporáneo.

De esta manera, lejos de pensar que la familia está en un proceso de crisis existencial como institución, debemos considerar que los tiempos han cambiado. No solo en los hogares –por la aparición de la televisión y la internet como principales ejes socializadores del orden social– también en las relaciones horizontales entre esposos e hijos –en una suerte de democratización del poder hogareño– y en el rol de la mujer, que pasó de ser una figura mustia y pasiva, a desempeñar el papel principal en el hogar, no solo por su estatus de trabajadora (formal o informal), sino por su destacada situación como proveedora y jefa de familia (madres divorciadas, separadas, viudas o solteras). Es decir, en vista de la menguante figura masculina (que, lamentablemente, cada vez se hunde más en su irresponsabilidad) ellas han tenido que asumir y constituir familias desintegradas o monoparentales.

Así, los que sostienen que la familia está en crisis no aspiran más que a una añoranza lejana de la familia nuclear tradicional, que era el fundamento de la vida social basado en el matrimonio y en las premisas eclesiásticas. Ambos aspectos muy corroídos y deslegitimados en la contemporaneidad, dado precisamente a su ineficacia en cuanto a dotar a todos los miembros familiares de derechos que vayan más allá de los rituales y las tradiciones.

De esta manera, cuando percibimos conflictos familiares o situaciones socio-criminales que aparentemente sean culpa de los modelos de familia actual, recordemos que cada tiempo trae su tipo de familia y que, por ambivalente que pudiera parecer la contemporánea, no deja de ser, aun en el siglo XXI, el principal referente social de enseñanza, convivencia y afecto emocional en la sociedad.

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