CRISIS DE VALORES

La farsa de los clanes de la oligarquía: Alexis Cuevas

Para nadie era un secreto que Ricardo Martinelli, antes de la asunción presidencial, era un empresario exitoso, que pertenece a los clanes de la oligarquía y forma parte de las exclusivas 105 familias económicamente más poderosas de Panamá.

En 2009, los estrategas del partido Cambio Democrático desplegaron una campaña bien estructurada y diseñada. Se caracterizaron por la elaboración de eslóganes que penetraron en la mente e idiosincrasia del elector. Incluso, aquellas debilidades del candidato las convirtieron en fortalezas con lemas como “Los locos somos +”, “Caminando en las zapatillas del pueblo”, “Entran limpios y salen millonarios”. Este último se convirtió en una farsa y contrastó rápidamente con la realidad social, porque el gobierno en menos de un año quedó enredado en una telaraña de escándalos de corrupción (Finmecánica, el florista de Paitilla, Juan Hombrón, los megaproyectos por contratación directa, las sociedades anónimas recién creadas para justificar el pago de contratos millonarios, sin contar con empleados, entre otros) de los que resalta la impunidad de sus autores y partícipes.

Ahora bien, ¿dónde está el dilema de los clanes de la oligarquía que utilizan la llave del Palacio de las Garzas para hacer negocios millonarios con los socios, transnacionales y amigos del mandatario, y cómo influye esto en la falta de transparencia, actos de corrupción y en la crisis de valores que generan? Estos hechos no nos sorprenden. Han sido la característica a lo largo de nuestra historia republicana, con honrosas excepciones. Los gobernantes tratan de ocultar la crisis moral que se genera en virtud de estos escandalosos actos de corrupción a través de su proyecto político y económico, con la displicencia y complicidad de las autoridades competentes que están llamadas, por la ley, a investigar los delitos y castigar a los delincuentes.

Hay que entender que nuestra sociedad está controlada y mediatizada por el aparato ideológico del Estado, que responde a las clases dominantes, lo que hace que este proceso no necesariamente se dé de manera deliberada y racional; por el contrario, se ponen en juego los sentimientos y emociones del individuo, puesto que los valores (en tanto morales), atañen a nuestra experiencia subjetiva, dan sustento y coherencia a la visión del mundo en un nivel más tangible que el de la conceptualización abstracta, propia de los procesos cognoscitivos del pensamiento y el lenguaje, tal como lo concebían dos pensadores alemanes: Max Scheler y Nicolai Hartmann.

La crisis de valores éticos y morales que acompaña el proyecto político y económico de los clanes de la oligarquía en Panamá, hace que ni los individuos ni las colectividades crean en los esfuerzos que hacen los agentes de cambio (escuela, hogar y grupos sociales, entre otros) para allanar el camino y rescatar los valores, para que el pueblo no los condene con la frase “Entraron millonarios y salieron billonarios”.

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