EDUCACIÓN

Las bases para una formación integral: Abel L. Guerra Ibarra

En el Panamá de los “intelectuales” o personas preocupadas por la formación de nuestros niños y jóvenes existe un argumento trillado, del que mucho se habla y poco se aterriza, y es el que tiene que ver con la educación de hoy, en el que se hace referencia a la tarea que deben hacer en conjunto las fuerzas vivas de la sociedad; llámese medios de comunicación, partidos políticos, sociedad civil, iglesias, etc., para poder brindar luces y sacar a la educación del atolladero en el que se encuentra.

¿Cómo debe ser la educación que conviene ofrecer a nuestros niños y jóvenes? Para responder a esa interrogante, debemos ubicarnos en la antigua Grecia, en donde la formación del niño y del joven se centraba en dotarlos de un carácter verdaderamente humano; es decir, que no había instrucción para habilidades manuales o instrucciones para temas específicos, lo primordial era desarrollar los elementos que debía tener el individuo para cumplir con sus deberes cívicos, como ciudadano.

Entre las “asignaturas” que subsumen estos elementos estaba la gimnasia (educación física), la gramática y la poesía (materias de lengua), la matemática, la filosofía y la retórica.

Según los griegos, estas enseñanzas debían dotar a los individuos de conocimientos y control de sí mismos y sobre sus expresiones.

¿Qué educación se quiere fraguar en nuestro país, de línea empresarial? Se puede constatar en la actualidad un enfoque educativo basado en competencias, que no es otra cosa que la robotización del ser humano; se pretende que el estudiante sea competente o, mejor dicho, idóneo para tal o cual actividad, dándole preponderancia a las habilidades manuales o técnicas, ya que esa es la visión que se quiere: “mano de obra eficaz y barata” para los nuevos imperios (las empresas transnacionales).

Si, por el contrario, el Estado quisiera resaltar las virtudes humanas de nuestros niños y jóvenes, se preocuparía por ofrecer un mayor pensum académico en materias que acrecienten el acervo humanístico.

Aun cuando las escuelas prepararan sujetos con la “idoneidad” para tal o cual faena –que no es la misión de la escuela, más bien de la universidad– de nada le servirá a los empresarios esa mano de obra capacitada, si la formación humana no está acorde con la visión del buen ciudadano, capaz de anteponer el juega vivo, la deshonestidad y otros males que se hacen cada vez más palpables en nuestros niños y jóvenes.

Hoy es necesario que reconozcamos que la verdadera educación está en la formación de los buenos ciudadanos, aptos –o como dirán los expertos en pedagogía– competentes, para hacerle frente a las situaciones que nos agobian como país; niños y jóvenes que conozcan y hagan valer sus derechos, que sepan anteponer las buenas costumbres, como base de su actuar en contra de los vicios, reflexivos ante los escenarios del diario vivir, y capaces de elegir, entre ellos mismos, a las personas que los gobiernen con sensatez.

Nos quedamos con las palabras del filósofo griego Platón: “El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano”.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

19 Nov 2017

Primer premio

8 0 5 6

CCAA

Serie: 13 Folio: 12

2o premio

9078

3er premio

3785

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código