OPERACIÓN

La fuerza de los corazones del Canal: Maricarmen Sarsanedas

Las 12 del mediodía del 31 de diciembre de 1999 me encontraron en mi casa, frente a la pantalla del televisor. Ese día lloré, y de qué manera; no pude contener la emoción como seguramente le pasó a muchos de mis compatriotas, sobre todo, porque no podía estar presente en la ceremonia en la que Panamá recibía su Canal.

Como funcionaria que había sido de la Autoridad de la Región Interoceánica, me correspondió organizar innumerables ceremonias de reversión de las instalaciones militares norteamericanas en Panamá. Sin embargo, la más importante me fue vedada por circunstancias políticas de las cuales ni siquiera hacía yo parte. Sin embargo, la vida compensa las injusticias y me tenía guardada una gran sorpresa. Gracias al sistema de mérito que rige en el Canal, pude entrar a trabajar en la Autoridad del Canal de Panamá, el 23 de octubre del siguiente año.

Tuve un rápido e intenso aprendizaje. Aprendí que los estadounidenses lo habían hecho bien, pero que los panameños teníamos la firme voluntad de hacerlo todavía mejor, porque nuestro orgullo y dignidad iban en ello. También aprendí que no era del todo veraz la frase “ahora el Canal es de los panameños”; lo cierto es que allí trabajaban muchos panameños, muchísimos años antes de la reversión, que con su hacer profesional mantuvieron ese Canal para que todos lo disfrutemos hoy. Aprendí, además, sobre el orgullo que sienten esos panameños por un trabajo bien hecho; la satisfacción y seguridad que les da el ser especialistas en su rama, la certeza de ser pieza importante del engranaje que mueve esta gran estructura.

Creo que también ha sido una gran lección para todos el ver que lo importante puede ser preservado de la política, cuando el pueblo lo quiere y lo exige. El Canal es la mejor prueba de ello y así debe seguir siendo. Llevo 11 años en este aprendizaje que no termina y por el cual me alegro, porque aprendiendo cada día te reinventas. En estos años también he sido parte de la historia, de una historia que me reafirma que cuando hay el interés y el afán de hacer las cosas bien, no hay manera que el camino se tuerza.

Pude ser testigo de la seriedad con la que se llevaron adelante los estudios para tomar la decisión más importante, después de la construcción del Canal. Vi el rigor con el que trabajó una gran cantidad de técnicos del Canal, empeñados en desarrollar la mejor propuesta, la que más conviniera a nuestro país. Ellos me hacen sentir muy orgullosa de poder llamarlos compañeros.

La vida me premió, además, con un puesto privilegiado, en primera línea, en la organización de la ceremonia del inicio del proyecto de ampliación y, si Dios me lo permite, estaré presente el primer día de operaciones de las nuevas esclusas. Ese será un día casi tan emocionante como el 31 de diciembre de 1999, pues será un nuevo comienzo. Ese día habremos demostrado al mundo que lo que vale no es el poder económico ni la extensión territorial, sino la fuerza de corazones que se atreven a soñar en grande para su país.

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