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RETOMAR EL CAMINO

Las fuerzas morales de Panamá: Rogelio Herrera

El ilustre maestro argentino José Ingenieros ofrece una magnífica lección de moralidad en su obra Las fuerzas morales, en la que prevalece el idealismo ético en función de la experiencia social. Sostiene que la deontología tiene implicación contundente en la vida personal y colectiva.

Por ello, quien practica el valor moral y el sentimiento del deber posee un verdadero tesoro. Lamentablemente, en Panamá estos principios y normas se practican bajo coacción, por ambición, por necesidad o por compromisos partidarios y rige una conducta negativa en los seres humanos. Sin embargo, junto al talante negativo que se ha apoderado de una parte de nuestra población, se distingue al reverso de la moneda, el rostro positivo de hombres y mujeres de todas las edades que dan buenos ejemplos de comportamiento ciudadano. Son magníficas muestras de personas con una elevada actitud, espejo de buena humanidad, dedicadas al cultivo de las ciencias de la educación, el laborioso arte, el deporte o la religión.

Las fuerzas morales son aquellas que se reflejan en la dignidad de la persona, que embellecen y dignifican la vida de aquel que persigue recompensas, que acepta la responsabilidad asignada o propia de sus errores. Son seres superiores a la coacción y a la violencia. A esto le temen los poderosos y los tiranos, es decir, a los principios individuales y sociales, que tutelan la vida y el desarrollo de los individuos. También tienen que ver con la cultura y hábitos de la sociedad. Tal como proclamara el maestro Heráclito de Éfeso, todo está en movimiento, y por ende, estas fuerzas no pueden estar estáticas.

El sentimiento (algo propio del ser humano) forma parte de la convivencia y engendra reacciones en la conciencia. Por lo tanto, un hombre y una mujer deben ser respetados, se les tiene que dejar vivir con dignidad, permitirle que con su salario cumpla sus más caras y mínimas aspiraciones. La vida en comunidad exige la aceptación del deber y el respeto hacia los demás. Los antagonismos acaban con el individuo y, más aun, la falta de respeto en el pago de su trabajo o mediante la compra de su conciencia.

Le hacemos un llamado a los jóvenes, sobre todo a aquellos que desconocen la historia de Panamá. Ustedes deben romper con el pasado corrupto y antidemocrático. No todo lo que brilla es oro, no te dejes engañar por una bondad que no existe, una cara que te dice que es amiga, pero no lo es.

Saca a relucir conductas sanas, como amar al prójimo, no mentir, respetar tu vida y la de los demás. Los principios se pueden encontrar en las doctrinas y religiones que se practican a través de la historia de la humanidad. Lo malo se detecta y se aparta, y como va en contra del propio bienestar, no es admisible.

El rapto, el incesto, la bigamia, los matrimonios ilegales, ocultar la identidad de un niño, por ejemplo, atentan gravemente contra el orden natural de la familia. Aquí las fuerzas morales se deben imponer e impedir estos delitos.

Sócrates, gran sabio de la antigüedad, se constituyó como una gran muralla en contra del “bochinche” y la inmoralidad en general. A un parroquiano que le iba a contar algo, le aplicó los tres filtros: “¿Lo que vas a contar es verdadero? (No). ¿Lo que vas a contar de nuestro amigo es bueno? (No). ¿Lo que me vas a contar de nuestro amigo me es útil? (No). Entonces, si lo que me va a contar de nuestro amigo, no es verdadero, ni es bueno y tampoco me es útil. ¿Para qué me lo vas a contar?”.

Comencemos a aplicar este filtro socrático en Panamá, el resultado será que nos convertiremos en agentes de cambio y de esa manera, estaremos construyendo una sociedad de justicia, fraterna y sólida.

Jesucristo es uno de los más grandes ejemplos de moralidad y, según la Biblia, propuso un camino de vida, y convenció por la fuerza que brotaba de él. Por eso tuvo muchos seguidores. La moral de Jesús se basa en el mandamiento principal de amar a Dios y al prójimo.

El gran moralista Esopo expone los vicios y virtudes de los hombres de forma certera e irónica en sus famosas fábulas, siempre con una moraleja o enseñanza. Dijo que, en cierta ocasión, un hombre tenía una lámpara de aceite, y esta se ufanaba de su condición para iluminar, pero el viento la apagó. De allí que el hombre replicó en contra de ella y surgió la famosa moraleja: “Cuando se goza de cierta fama no hay que dejarse cegar por el orgullo, porque todo lo que se adquiere se puede perder”.

¿Cuántos personajes en Panamá creen que tienen a Dios agarrado de la mano o poseen una luz intensa como la lámpara? No tenemos la respuesta a esta interrogante, pero de lo que sí estamos seguros es que actuar con moral y ética es el mejor antídoto a todo lo que vaya en contra de la integridad personal, familiar y social.

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