LECCIONES ÚTILES

El golpe de 1931: Carlos Guevara Mann

Es poco probable que al abrir los ojos el 2 de enero –82 años atrás– a don Floro le hubiese pasado por la mente que ese sería el ultimo día que permanecería en la casa presidencial.

Cierta zozobra, no cabe duda, había en el país, sobre todo a partir de la Gran Depresión, iniciada en 1929, cuyos efectos económicos adversos ya se sentían en Panamá. Algunos sectores excluidos del ejercicio del poder reclamaban mayor participación, probidad y transparencia en el manejo del Estado y acusaban al presidente Arosemena de ser poco más que un títere de Rodolfo Chiari, su inmediato predecesor. Acción Comunal, la agrupación nacionalista fundada en 1923, encabezaba los reclamos que se hacían por una conducción más correcta de la cosa pública, ajustada a los intereses nacionales.

Más allá de las protestas planteadas en los medios de comunicación y en mítines políticos, sin embargo, el statu quo no parecía amenazado. Aunque fraccionado, el Partido Liberal al que pertenecía el presidente predominaba en la política panameña.

Acababan de transcurrir, con el jolgorio acostumbrado, las celebraciones navideñas y del año nuevo. El 23 de diciembre, el presidente Arosemena había recibido en la sede del Gobierno al genial Albert Einstein, condiscípulo suyo, quien para mucha satisfacción pública estuvo de visita por unos días en suelo istmeño.

Estados Unidos hacía sentir su influencia en nuestros asuntos internos y en el pasado había impedido toda irregularidad en la sucesión constitucional. En 1904 la amenaza de su intervención militar sofocó las pretensiones golpistas de Esteban Huertas y, en 1918, la ocupación estadounidense de las ciudades terminales puso fin a las intenciones del presidente Urriola de prolongar su mandato mediante la posposición de las elecciones.

“Los gringos no permitirán un golpe”, era la opinión prevaleciente en Panamá a inicios de 1931. Pero nuestros sagaces políticos no contaban con que para esas fechas, el desgaste causado a la imagen de Estados Unidos por su intervencionismo militar en la región había generado un cambio de mentalidad en Washington. En vez de intervenciones directas para poner orden, se ejercería, en adelante, presión indirecta y tras las bambalinas para producir los resultados deseados por el Coloso.

En consecuencia, cuando los comandos de Acción Comunal se tomaron el cuartel de la Policía y la casa presidencial y forzaron la dimisión del presidente Florencio H. Arosemena, el embajador Roy T. Davis se inmiscuyó para insistir en que se “constitucionalizara” el golpe, insistencia que sentó, en nuestra Corte Suprema de Justicia, el nefasto precedente de recurrir a leguleyadas para justificar inmoralidades y acciones de fuerza.

Por la renuncia (forzada e inconstitucional, en este caso) del presidente Arosemena correspondía al primer designado, conforme a la constitución de 1904, asumir el Poder Ejecutivo. Pero como los golpistas no congeniaban ni con el primer designado elegido en 1930 (ni con el segundo ni el tercero), la Corte Suprema sencillamente anuló esa elección y dispuso encomendar el Gobierno de la República al primer designado escogido en la elección anterior (1928), el Dr. Ricardo J. Alfaro.

Como suele suceder en casos de golpes de Estado, las consecuencias del derrocamiento del presidente Arosemena en 1931 fueron mayoritariamente negativas. El nacionalismo comenzó a incidir con más ímpetu en la política panameña, pero el adecentamiento propuesto por Acción Comunal no se logró. Los fraudes electorales continuaron definiendo la identidad de presidentes y diputados y, salvo honrosas excepciones en 1932 y 1960, el ejecutivo siguió empleando los recurso del Estado para favorecer al oficialismo.

Para resguardarse contra los golpes que Washington ya no sofocaría mediante el desembarco de infantes de marina, los gobiernos posteriores se dedicaron a adular a la fuerza pública y a sus jefes, lo que condujo a su militarización. La administración de justicia, a su vez, adquirió licencia para emitir fallos contra derecho cuando así lo requiriesen sectores influyentes.

Los acontecimientos del 2 de enero de 1931 dejaron lecciones útiles. Aunque la rebelión popular es válida en casos de tiranía, mejor es no planear ni ejecutar golpes a la ligera, porque el tiro puede salir por la culata.

Los gobernantes, a su vez, deben evitar dejarse persuadir por aparentes señales de tranquilidad y la lisonja de los manzanillos. Más les valdría desterrar las prácticas y evitar las medidas que exasperan a la ciudadanía, porque estas pueden ser caldo de cultivo para golpes de Estado que, a la larga, producen efectos perniciosos sobre el desarrollo de los pueblos.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia S.A.

Por si te lo perdiste

Surse Pierpoint, empresario y consultor, en Café con La Prensa
LA PRENSA/Ana Rentería

Las oportunidades de la Zona Libre de Colón Pierpoint pide actualizar regulaciones y eliminar trabas burocráticas

PANAMÁ Y SU GENTE El mercado de las carretillas

El Mercado de Abastos está ubicado en la vía Omar Torrijos, en el corregimiento de Ancón, justo al lado de la sede del Tribunal Electoral. Gabriel Rodríguez
Luis García /Álvaro Reyes - LP

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

15 Jul 2018

Primer premio

9 7 8 3

CAAD

Serie: 12 Folio: 15

2o premio

2697

3er premio

8169

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código