ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

El 68% ... ¿y qué hacemos?: Daniel R. Pichel

Hace unas semanas, se presentaron los resultados de un estudio del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (ICGES), bajo la coordinación del Dr. J.M. Pascale, que consistió en un análisis de 5 mil 46 mujeres sexualmente activas, de todas las regiones del país (incluyendo comarcas), que acudieron voluntariamente a controles ginecológicos. A todas, se les tomó una muestra cervical y se les aplicó una encuesta para determinar la prevalencia de infección por virus del papiloma humano (VPH) y otras infecciones de transmisión sexual (ITS).

Hoy sabemos que el VPH es el principal factor causal de cáncer cérvico-uterino. Además, tiene relación causal con cáncer de pene en hombres y cánceres de mucosa anal, de cavidad oral y mucosa orofaríngea tanto en hombres como mujeres. En este último grupo, ya ha superado al cigarrillo como principal factor de riesgo. Existen vacunas que protegen contra los principales genotipos y se ha iniciado una campaña de vacunación a niñas a nivel nacional. Sin embargo, esto no es suficiente.

En la muestra evaluada, el grupo con mayor prevalencia de VPH, son las adolescentes entre 15 y 19 años, alcanzando un 68% de las pacientes. Al analizar las otras ITS, el grupo más afectado son también las adolescentes, en un 34%. Esto confirma que en Panamá las mujeres comienzan vida sexual en la adolescencia sin tomar medidas efectivas para prevenir estas infecciones.

Ante este panorama, se requiere implementar a la brevedad posible programas de educación integral en sexualidad en todas las escuelas del país, desde niveles primarios, para esta epidemia que, en el futuro, indudablemente representará un aumento de casos de cáncer.

Lo malo es que nuestras autoridades educativas miran para otro lado cada vez que se les menciona el tema de la educación sexual, escondidos en una irresponsable burbuja de puritanismo, completamente ajena a la realidad que vive nuestra población (hasta consideraron la vacuna de VPH como “pervertidora” porque favorecería las relaciones sexuales adolescentes). Los planes oficiales se limitan a “educación en valores”, “reforzamiento del papel de la familia”, etc., que si bien son importantes, no representan un abordaje responsable a un problema de la magnitud demostrada en el estudio del ICGES.

Desde hace varios años, el tema de salud sexual y reproductiva (SSR) ha quedado relegado a segundo plano, después del deprimente espectáculo de “Frenasexo”, cuando se trató de implementar una ley acorde con las recomendaciones educativas en estos temas. En esa ocasión, entre los aspavientos de siempre y la actitud casi medieval adoptada por algunas iglesias, no se cambió nada para educar a la juventud en estos temas, vitales para el desarrollo integral del ser humano.

Hay que entender que la única manera de hablar de estos temas es llamándole a las cosas por su nombre, aunque a los adultos les incomode. Hoy, los adolescentes abordan los temas sexuales con mucha más naturalidad que sus padres y maestros. De allí, lo importante de tomarlos en cuenta para facilitar estos procesos educativos. La experiencia adquirida con organizaciones de liderazgo juvenil para capacitar en temas de SSR ha sido exitosa.

Lo más injusto es que quienes se ven afectados son los muchachos de áreas marginales, que dependen de un sistema público de educación enquistado en ideas retrógradas, mientras los alumnos de escuelas particulares, incluidos los hijos y nietos de quienes se oponen a enseñar sexualidad de forma integral, reciben toda la información, quieran o no sus padres. Eso es lo más irresponsable de todo, porque condenan a sufrir enfermedades y embarazos a quienes más necesidades sociales tienen, simplemente para luego presumir de que “protegen la familia y sus valores tradicionales”. No entienden que vivimos en el siglo XXI y que, les guste o no, la realidad social ha cambiado. El puritanismo y la homofobia de que hacen alarde, son simplemente un ruido que la gran mayoría de los jóvenes ignora por absurdo.

Y no es un tema de anti-religión como seguro dirán. Debemos tener claro que la gente normal, creyentes o no, deciden cuántos hijos tener y en qué momento, utilizando métodos anticonceptivos. El fanatismo de pequeños grupos, llámense sectas, toldas, tabernáculos, congregaciones o prelaturas (que para mi son todas la misma cosa), lo único que favorece son embarazos indeseados y enfermedades prevenibles. Tenemos que enseñar cómo se transmiten estas enfermedades, qué son conductas de riesgo y las medidas para evitar infecciones, resumidos en la estrategia A-B-C. Abstinencia, tener una sola pareja sexual, y el uso correcto del condón. Esos cuentos de que el condón no sirve porque tiene “poros” son fábulas sin base científica. Evidentemente, la abstinencia protegerá más que el preservativo, pero debe explicarse cada una de estas medidas con sus ventajas, desventajas y riesgos. Pretender enfrentar una crisis de salud pública como esta, solo (ojo, que dije solo) con cursos de “valores familiares” o seminarios como “cásate conmigo” es ridículo e irresponsable (solo el 22% de la muestra son casadas). Y no es que esto no sea importante... pero usarlo como única estrategia es como pretender poner una academia de natación en el medio de un naufragio... en lugar de repartir salvavidas.

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