EL MALCONTENTO

Está todo por hacer: Paco Gómez Nadal

Estoy orgulloso de haber esquivado este año la tentación navideña en El Malcontento. Es más, la pasada semana, aprovechando que casi nadie se daría a la tarea de leer el periódico traté de apuntar mi hipótesis más radical. No hay nada que hacer para solucionar el desastre político y el desequilibrio social de Panamá. Es demasiado tarde.

Pero esta hipótesis tiene una segunda proposición. Se las comparto completa: “No hay nada que hacer; está todo por hacer”. Para tratar de desenredarme y salir de esta (aparente) contradicción voy a echar mano del dirigente zapatista subcomandante Marcos y de su última proclama, hecha pública en medio del ruidoso silencio de 50 mil indígenas que tomaban las calles de cinco municipios de Chiapas: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el nuestro resurgiendo. El día que fue el día, era de noche. Y noche será el día que será el día”. Es decir, no hay nada que hacer ante el derrumbe sin freno de este mundo occidental que conocemos. Llámenlo abismo fiscal, crisis económica, inestabilidad social, superproducción, cambio climático, colapso del sistema (falsamente) representativo... El hecho es que estamos asistiendo al derrumbe de un sistema y tenemos dos opciones: hacernos los locos y, como la orquesta del Titanic, seguir tocando una notas que ya no suenan; o comenzar a construir desde abajo un mundo alterno para el que no tenemos todas las respuestas, pero para el que tenemos todas las preguntas adecuadas.

Hoy soy optimista en este sentido. Aunque sean minoritarios aún los actos de construcción, sí creo que hemos pasado ya de criticar el modelo a construir uno nuevo. Ese matiz es fundamental. Mientras seguimos cuestionando lo que hay –la corrupción infinita de gobiernos como el de Panamá, la inequidad enquistada en este sistema pensado para ser desigual–, estamos aceptando que ya no valen los parches ni las curitas. Este sistema se está derrumbando sin solución. No sé cuánto va a durar aún este proceso desgastante y violento, pero va hacia el fin. Es difícil aceptarlo, porque aun sin gustarnos, era el único modelo que conocíamos.

Nunca como hoy hemos conocido a más colectivos y a más individualidades intentando vivir de otra manera. Es cierto que a finales del siglo XIX y principios del XX Fourier u Owen trataron de construir algo diferente, pero desde un utopismo intelectualizado de difícil aplicación. Es ahora cuando vemos muchas familias en busca de una forma de alimentación diferente, el regreso de jóvenes al campo, la valoración de la vida en comunidad y de las enseñanzas de los ancestros, las ilusionantes experiencias de autogobierno en toda América Latina... Se está construyendo otro mundo mientras el otro se derrumba y hay que seguir haciéndolo en medio del estruendo porque, de ese modo, nadie prestará mucha atención y se permitirá su desarrollo.

En Panamá hay signos esperanzadores en esta dirección. Hay síntomas llamativos como la alianza de las comunidades de Bocas del Toro, San Félix o Colón nos muestra otro modelo de interacción, de diálogo, de construcción. Aunque, de momento, las conversaciones se centren en resistir a la acción brutal del Gobierno, intuyo que pronto se pasará a la construcción de alternativas autogestionadas. La presentación en estos días de la guía de Panamá de Almanaque Azul me parece otra buena noticia porque esta organización nunca ha trabajado desde la denuncia, sino desde la construcción de un modelo alterno de turismo comunitario controlado por las comunidades. Igual es significativo el trabajo cada vez más proactivo de El Kolectivo o de algunos grupos que están promocionando la agricultura ecológica y el consumo responsable.

Da igual con cuántas tuneladoras traten de abrumarnos, porque el subsuelo de la sociedad, en realidad, es nuestro. Es en él en el que construimos, es allí donde cimentamos una nueva sociedad, en la que las luces y los vidrios del patético (y mentiroso) país que promociona la Autoridad de Turismo no podrán deslumbrar a una población consciente de que es en la escala humana, es en el espacio comunitario donde nos podemos realizar y ser. Ser más auténticos, más felices, más iguales, más solidarios, más poderosos.

Está todo por hacer, pero estamos dando pasos. En Panamá y en todo el planeta. La única sombra que se me cruza en el optimismo de las microbatallas es si nos dará tiempo a construir las alternativas antes de que el caos de la destrucción capitalista nos devore. Apuesto a que sí. Feliz año 13, feliz nueva era, nuevo tiempo, nueva sociedad.

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