SOCIEDAD

Para llegar a una hermosa vejez: Noemí Lucila Castillo Jaén

La vejez es una etapa de la vida y, como tal, debe aceptarse y respetarse, pero además debe admirarse. Decimos que la niñez es hermosa porque los niños son inocentes y dependientes; que la adolescencia es tormentosa por la rebeldía y la autonomía de los jóvenes, y que la vejez es triste por la enfermedad y la dependencia de los adultos mayores.

En verdad cada etapa de la vida tiene su belleza y es lo que debemos apreciar y valorar en su justa dimensión. Los adultos mayores, como los niños, requieren cuidados especiales; el más importante de ellos es la salud, porque generalmente ellos son más frágiles y dependen de sus cuidadores.

En un primer momento los progenitores cuidan a sus hijos pequeños y luego, al final del recorrido, los hijos se encargan de sus padres mayores. Esto indica que la vida es un ciclo que pasa por diferentes etapas y vuelve al origen.

La salud de ellos involucra el cuidado de todos los sistemas y órganos del cuerpo, pero de manera especial de su mente, emociones y espíritu. Esto debe ser así, porque aunque muchas de las enfermedades que se experimentan en la vejez se producen en el plano físico, las que más los agobian se ubican en el ámbito mental, emocional y espiritual.

Una vejez sana en todos los aspectos, implica un trabajo que debe comenzar desde la juventud, con una alimentación libre de excesos, con ejercicios, buenas relaciones interpersonales y con el compromiso personal de ser y hacer felices a las personas con quienes convivimos.

Los adultos mayores tienen necesidad de hablar, de ser escuchados y comprendidos. Ellos experimentan cambios generacionales; los ambientes que antes les eran familiares, hoy apenas los reconocen; además han pasado de la independencia a la dependencia, de la autoridad a la obediencia y del control a la sumisión. Son cambios difíciles de aceptar, por eso, es importante que los hijos o las personas que cuidan de ellos los ayuden en esa transición para que alcancen en su paz mental y emocional la belleza espiritual y la trascendencia. Cuando decrece nuestra fuerza física, debemos fortalecer la fuerza espiritual; esta es la que nos hace seres estoicos ante la adversidad, firmes ante el dolor y agradecidos con la vida.

La vejez es un tesoro preciado. En todo el mundo la generación de los adultos mayores está aumentando, por esto es necesario que todos entendamos mejor lo que implica esta fase de la vida y aprendamos las lecciones que, desde el silencio, nos enseña.

La belleza de la edad adulta está en la trascendencia, en la serenidad y la aceptación con la que se esperan los días finales. Ahí es donde se encuentra la verdadera belleza de la vejez, en el espíritu, en el sosiego y en el regocijo de haber vivido y contribuido con el desarrollo de esta y las futuras generaciones.

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