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INVOLUCIÓN MORAL

La hipocresía institucionalizada: Mitchell Doens

Hemos denunciado cómo la institucionalidad del país colapsó en el gobierno pasado. El vacío producido por esta degradación con sus componentes éticos, legales y políticos ha dado paso, al mismo tiempo, a la hipocresía institucionalizada; un fenómeno sociológico de permisividad de las cúpulas empresariales que han hecho del delito y del desapego a las instituciones una especie de cultura marginal de cuello y corbata.

Tres años antes de la invasión, agencias de Estados Unidos hicieron una investigación sobre el tráfico de drogas y el lavado de dinero en Panamá, y concluyeron que dichas actividades se habían triplicado. Hay que recordar que el motivo de la bárbara acción se justificó para acabar con el tráfico y el lavado de dinero y para democratizar al país.

La investigación describía cómo esos ilícitos se llevaban a cabo, cómo utilizaban bancos, empresas embotelladoras, la Zona Libre de Colón, supermercados, y nombraba a empresarios que incrementaban sus negocios y patrimonios mediante estos ilícitos; nombres vinculados en su mayoría a la alta sociedad y a importantes medios locales de comunicación.

Desde ese tiempo esas actividades se entronizaron en la cultura del “juega vivo” convirtiéndose en algo natural y penetraron, además, la política y a los partidos políticos, gestando una cúpula plutocrática exclusiva de personas vinculadas por negocios y parentescos, que no eran ajenas –en su mayoría– a las actividades señaladas en esa investigación.

Fueron varias de esas personalidades las que en ocasión de la toma de poder del presidente Barack Obama, en enero de 2009, hicieron acto de presencia en la Embajada de Estados Unidos para saludar el evento de Washington. La ocasión fue aprovechada para sellar el acuerdo que se matraqueaba para culminar con la alianza política que llevó al poder a Martinelli y para instaurar en el mismo a ese sector mafioso que tanto preocupaba a esas agencias. Los plutócratas que no tuvieron la oportunidad de participar en ese evento rendirían después sus pleitesías a Ricardo Martinelli y darían sus ofrendas crematísticas para recibir favores o evitar que sus negocios fueran depredados.

Con ese encuentro se reeditaba la vieja práctica en la que la embajada estadounidense, con su grupo de oligarcas, tomaba las principales decisiones políticas del país, tirando por la borda los objetivos que ellos mismos habían planteado para justificar la invasión y entronizar la democracia que, a la postre, ahora favorecía a los mismos que gobernaron hasta 1968, pero ahora con la adición de la garulilla que vinculaba al narcotráfico y al lavado de dinero.

¿Puede realmente consolidar la nación un modelo democrático y equitativo con la exclusión de otros sectores sociales en el ejercicio del poder político y mejorar el bienestar general? Es imposible si paralelamente existe una mala distribución del ejercicio del poder político, pues habrá una mala distribución de las riquezas nacionales; y, recordemos, que nuestro país es uno de los peores en este renglón.

Y si a ello se agrega la presencia en el ejercicio del poder al crimen organizado, que se robó los fondos del pueblo panameño, ¿se puede esperar que sean las instituciones existentes las que puedan superar este lamentable estado por el que atraviesa nuestra patria?

No sé qué pretendan los estadounidenses con esta oleada de denuncias de los Panama Pappers y las recientes acciones contra el poderoso grupo transnacional de Wisa. Un amigo ducho en lides políticas aconseja, con buen tino, ser pacientes, ver quiénes más salen en este progrom de denuncias. Ojalá que ello conduzca a adecentar al mundo, si es que ese es el objetivo, para acabar con la corrupción que lo asfixia.

Pero recordemos que esta crisis internacional no se inició ahora, comenzó con el crack inmobiliario sobre el que poco se ha hecho en contra de los que lo provocaron, como lo denuncia John Stiglitz en su obra Caída Libre, en la que señala cómo perdieron miles de millones de dólares ahorrantes y pensionistas de Estados Unidos y del resto del mundo por causa del establishment financiero estadounidense, con pocos encarcelados por sus delitos.

Acá comenzó con el robo y la desinstitucionalización causada por Martinelli. Ojalá también coadyuven dentro de esta supuesta profilaxis con la justicia panameña, entregándonos al capo que disfruta de la buena vida en Miami con dineros mal habidos. Así enterraríamos esa mafiocracia y la hipocresía que se entronizó desde hace 25 años, y no seguir haciéndose de la vista gorda ante esta involución moral.

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