AGENDA DE GOBIERNO

La hora del emprendimiento: Manuel Lorenzo

Hace poco participé en el lanzamiento de la “Estrategia de Fomento al Emprendimiento de Panamá”, evento organizado por la Autoridad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Ampyme) y el Centro para la Promoción de la Micro y Pequeña Empresa en Centroamérica (Cenpromype). Esto es el resultado de varios meses de trabajo, en el que asistí como representante del Acelerador de Empresas de la Fundación Ciudad del Saber. Alrededor de 20 miembros de organizaciones que trabajan en el tema nos reunimos por algunos meses en conversatorios, conferencias y talleres, y delineamos la estrategia, primero dando los insumos para un diagnóstico completo del ecosistema de emprendimiento en Panamá, luego conformamos un plan basado en la realidad y en las mejores prácticas regionales en el tema.

Es un documento que merece ser divulgado y analizado, sobre todo tomado en cuenta por las autoridades que vayan a tratar el emprendimiento y la innovación en este país. Ambos temas nunca han estado en el primer nivel de la agenda del gobierno, figuran como accesorios, uno en la gestión de las Pymes, y el otro en ciencia y la tecnología.

Creo que es un grave error supeditar el fomento del emprendimiento a la gestión de las Pymes, pues son temas que se deben distinguir el uno del otro, que se abordan de forma distinta y responden a problemáticas diferentes; los dolientes son otros, y las intervenciones necesarias van por caminos divergentes. También es un error colocar a la innovación como secundaria a la ciencia y la tecnología. El fomento a la innovación debe elevarse de nivel o cambiarse a un enfoque más sistémico, de forma que sirva no solo a temas científicos y tecnológicos, sino que se apoye con prioridad en modelos de negocios diferenciados, sobre todo en industrias que presentan ventajas competitivas para Panamá, como la logística, transporte multimodal, turismo, servicios financieros, servicios globales, biociencias y desarrollo sostenible, entre otras.

La innovación y el emprendimiento son las claves para mejorar más la competitividad del país. Si analizamos la forma como se calcula el índice del Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, en el que Panamá pasó hace poco al segundo lugar en Latinoamérica, queda claro que es difícil seguir subiendo si no resolvemos algunas carencias que tienen que ver con ciencia, tecnología, pero sobre todo con innovación y emprendimiento. Temas como normativa al emprendimiento, fomento a instrumentos de capital de riesgo, cultura de capital de riesgo, instrumentos de capital semilla adecuados, educación emprendedora y de fomento a la creatividad e innovación (especialmente en niveles de primaria y secundaria), incentivos a la inversión de capital de riesgo, financiamiento y acreditación a incubadoras y aceleradores de empresas, programas para atraer startups globales y varias más. Todo esto visto en un esquema general de cadena de valor y de ecosistema integral, son algunos de los principales factores en los que la mejora es imperativa.

Medellín, por poner un ejemplo cercano, y en general toda Colombia, han creado en los últimos años políticas de fomento al emprendimiento y la innovación, que han logrado que dicha ciudad fuese escogida como la ciudad más innovadora del mundo en 2013, cuando hace apenas 15 años era un foco de crimen y violencia. La principal clave de su éxito no son las políticas, que pueden ser emuladas en nuestro entorno, sino la forma sistémica y de alto nivel en que se aborda el emprendimiento y la innovación, desde mecanismos público-privados (aunque con fondos públicos) que articulan todo el esfuerzo para su fomento.

Las experiencias de Chile (pionero en América Latina), Brasil, Uruguay, Colombia y México, sin demeritar los esfuerzos de Ecuador, Argentina y otros países, nos permiten aprender de los aciertos y errores cometidos en entornos parecidos al nuestro. La ventaja que tiene Panamá es que cuenta con factores como un crecimiento económico sostenido, un aumento al doble en niveles de emprendimiento en los últimos cuatro años (según el Global Entrepreneurship Monitor), la presencia de multinacionales y grandes empresas con necesidades de abastecimiento de alto valor agregado y de fomentar el intra-emprendimiento y la gestión de innovación y spin-offs y, sobre todo, la formación incipiente y potencial de clústers de innovación alrededor de las industrias de logística, transporte multimodal, turismo, minería y servicios financieros, entre otras.

Está probado que las empresas de reciente formación, según un estudio de la Fundación Kauffman, son creadoras netas de empleo, mientras que las empresas establecidas son destructoras netas de empleo. No hay que olvidar que las empresas innovadoras, que se inician como startups, son las que producen empleos de alto valor agregado, mejoran el nivel de vida de la población y crean oportunidades de crecimiento personal y beneficio familiar, que no son promovidas desde las Pymes tradicionales (según un reciente reporte de la CAF). Y no dejemos de lado el aporte al PIB que producen estas empresas con sus ventas y exportaciones de bienes y, sobre todo, de servicios, así como su efecto multiplicativo por el efecto de clusterización.

Debo agregar que, además de los criterios macroeconómicos y de competitividad, el emprendimiento es un instrumento de nivelación social, que disminuye la brecha socioeconómica, genera oportunidades para creación de riqueza a un espectro amplio de la población, creando además una cultura en la población de “tomar el toro por los cuernos”, de solucionar los problemas personales y sociales por sí mismos. Recordemos que el emprendimiento no es solo crear negocios, es también crear proyectos sociales, es crear soluciones a problemas de toda índole, y es en esencia un comportamiento, una forma de vida.

El diagnóstico está hecho, gracias al Global Entrepreneurship Monitor, al índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, al índice Doing Business del Banco Mundial, y al índice del Global Entrepreneurship Development Institute. Además, las condiciones económicas están dadas. El plan se armó gracias a la Estrategia de Fomento al Emprendimiento de Panamá, y a otros varios documentos creados los últimos años, que tienen contenidos rescatables y valiosos. Solo falta elevar los temas de emprendimiento e innovación a políticas de Estado, para asegurar su implementación horizontal, y su alcance en instrumentos y programas en todos los ámbitos necesarios.

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