hoyporhoy_2012-03-21

Desde la época de la dictadura se enraizó en Panamá una cultura paternalista cuyas consecuencias aún nos acompañan. Hay un sinnúmero de ciudadanos que simplemente presume que el Gobierno tiene que proveer para ellos y para sus familias, sin que las ayudas que reciben conlleven algún tipo de responsabilidad.

Se trata de una postura tan cómoda como perjudicial, incluso para los supuestos beneficiados, porque les impide superarse y los hace dependientes de los gobiernos, que es lo mismo que de los políticos de turno. La renovación de Curundú, en su momento celebrada por todos, puede ser ejemplo de cómo esa cultura paternalista pone en riesgo iniciativas loables.

Es imprescindible que las autoridades sean inflexibles en el cobro de los montos de los préstamos y en la aplicación de las reglas establecidas para el uso de los bienes entregados. Estas viviendas están altamente subsidiadas, algo que los contribuyentes estamos dispuestos a aceptar siempre y cuando los beneficiados sean la gente responsable del barrio y no los “juega vivo” de siempre.

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