hoyporhoy_2012-11-21

El inicio de las conversaciones de paz en La Habana entre el Gobierno colombiano y las FARC alienta el optimismo acerca de la posibilidad de solucionar el conflicto que desde hace medio siglo ensangrienta al país hermano.

Aunque el cese de hostilidades entre las partes no fue considerado como elemento de las negociaciones, la guerrilla acompaña este comienzo con el anuncio de un alto el fuego unilateral en sus acciones contra el Estado.

Busca mostrarse en actitud pacifista para que el Gobierno –que no renuncia a mantener la lucha contra los violentos– aparezca como el interlocutor atrincherado en un belicismo fundamentalista. El problema es que las FARC carecen de credibilidad.

Su comportamiento a lo largo de estas décadas demuestra renuencia a abandonar las prácticas que las convirtieron en una referencia mundial del terrorismo, al tiempo que hicieron de su alianza con las narcomafias una plataforma de vigencia sostenible.

Deberán demostrar ahora que su decisión de silenciar las armas para permitir que la paz llegue a Colombia, es algo más que una nueva táctica dilatoria, como otras veces en el pasado.

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