CORRUPCIÓN

Algo huele a podrido en Panamá: Olmedo Beluche

Hay veces que uno lamenta no ser Shakespeare o, por lo menos, Corín Tellado, porque la política panameña es una tragicomedia que daría para varias telenovelas. La última semana de mayo se sacudió el país con una grabación en la que Roberto Velásquez, supuestamente, encargaba quebrarle las piernas a su principal rival, José Luis Fábrega, aparente candidato del poder económico. Grabación de la que se supo por un tuit lanzado por el presidente, Ricardo Martinelli, antes de partir en un viaje cuya primera parada fue el Gran Premio de Mónaco, en el que sorpresivamente apareció junto al príncipe Alberto.

El rocambolesco asunto se zanjó con la renuncia forzada de Velásquez y la victoria de Fábrega en las primarias del PRD.

El incidente, que en otro país no pasaría de hecho aislado, en Panamá es síntoma de la podredumbre del sistema político y de la corrupción generalizada que se desparrama por todos lados. En 2009, los escándalos acompañaron el proceso electoral a la Alcaldía de la ciudad de Panamá. Todos recordamos el caso de la reunión entre Roberto Velásquez y David Murcia. El “queme” de Velásquez propició la victoria de Bosco Vallarino, quien violó la ley, porque había renunciado a la ciudadanía panameña. La Asamblea Nacional le devolvió la ciudadanía con carácter retroactivo. Pero Vallarino renunció luego de una reunión con Martinelli.

Las controvertidas relaciones de Murcia alcanzaron a Balbina Herrera y a Ricardo Martinelli. Él la acusó a ella de recibir su maletín, ella lo acusó a él de que sus supermercados eran parte de la pirámide de Murcia. Como siempre pasa en Panamá, transcurridas las elecciones, las investigaciones murieron en algún archivador del Ministerio Público.

Volviendo a 2013, Martinelli abrió fuego diciendo: “No hay una persona más corrupta en este país que Juan Carlos Navarro. Pronto van a empezar a salir todas las bellezas de la corrupción de Navarro” (La Prensa, 4/6/1013). Y la gente con algo de lógica se pregunta: ¿El Presidente que conoce de un delito, pero no lo ha denunciado ante las justicia, está a su vez cometiendo otro delito? ¿O solo se trata de una calumnia, que también es delito?

Cada vez más personas consideran a los políticos como el sector más corrompido de la sociedad. Según el Tribunal Electoral, la campaña de Martinelli, en 2009, gastó casi 20 millones de dólares y Balbina Herrera, otros $10 millones; un alcalde se gasta en campaña $200 mil y un diputado $300 mil. La compra de votos y el pago de contraprestaciones debe ser lo común.

Todo es parte de la podredumbre del sistema capitalista que en Panamá está llegando a su paroxismo. En ese marco de corrupción y dinero, corren el peligro de ahogarse electoralmente las nuevas propuestas alternativas a los partidos tradicionales, si no hay unidad en un frente electoral de izquierdas, popular y sindical que produzca un vuelco en el electorado.

Como el poder político da acceso a un jugoso erario público para repartir, hay muchos dispuestos a romper huesos con tal de ganar a toda costa. Por lo pronto, al igual que Horacio (personaje de Hamlet), cabe concluir: “A qué determinado punto he de dirigir mi pensamiento, es cosa que no sé, pero según el lógico sentir de mi entender, esto augura una extraña conmoción en nuestro Estado”.

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