El MALCONTENTO

La era de los idiotas: Paco Gómez Nadal

La era de los idiotas: Paco Gómez Nadal La era de los idiotas: Paco Gómez Nadal
La era de los idiotas: Paco Gómez Nadal

Pocas veces uno logra sacar algo en claro de este marasmo ruidoso en el que nos desenvolvemos. Noticias, informes, análisis, documentales, declaraciones… ruido para mantener aturdidas las mentes, vapuleo constante e insistente en una era en la que pensar de forma crítica o enlazarse con los otros para ser más (más dignos, más humanos, más creativos, más felices, más empáticos…) parecen prácticas estúpidas y poco pragmáticas. Lo son.

Pocas veces lee uno algo claro, complejo, contundente. Por eso hay que celebrar y compartir la lectura reveladora. Yo he tenido uno de esos momentos felices en los últimos días. Belén Quejigo y Germán Santiago publicaban un artículo con el sector título de Los idiotas en el que buceaban en la raíz etimológica de la palabra de marras: idiota. “(…) idiota, que proviene del griego idiotes, se usaba para referirse aquel que no se ocupa de los asuntos públicos, sino solo de sus intereses privados. La raíz ‘idio’ significa propio (de ahí idioma, idiosincrasia…). El sufijo -tes significa agente. El idiota, según esta etimología, es “el agente de lo propio”.

Vivimos la era de los idiotas, de la gente que dedica la mayor parte de su vida a mirarse el ombligo y defender lo propio mientras delega los asuntos públicos, políticos, en supuestos “profesionales” que se encargarán de solucionar los problemas comunes y despejar el terreno para nuestros afanes personales.

Como bien explican los autores del artículo al que me refiero, “el individualismo racionalista intenta justificar el aislamiento y la atomización de la sociedad con la promesa de libertad y con la de salvación. Los idiotas (idios también significa solo, aislado) son guiados al aislamiento y alejados de la comunidad, son seducidos por la promesa económica de libertad, son atraídos con cantos de sirena hacía la tiranía del trabajo, que lejos de liberarlos, los hará más esclavos y los someterá a relaciones de dominación permanentes en las que solo habrá tiempo para producir. El lema del campo de concentración polaco se torna en nuestra sociedad más vigente que nunca, la promesa de felicidad está unida a él: el trabajo (individual) os hará libres”.

Los tiempos son consecuencia de las largas construcciones de la historia. La penalización de cualquier lógica comunitaria, el trabajo aislado y esclavizado de la plantación, el encierro en las fábricas de la revolución industrial de comunidades enteras, la esclavitud contemporánea en cañaverales o call centers… todos son formas de aislamiento a cambio de una aspiración a la salvación individual que jamás –insisto- jamás, llegará.

Si a algunos de los habituales comentadores anónimos les parece que los autores del artículo tienen cierto tufillo ñángara, les recomiendo leer al filósofo de raíz cristiana Emmanuel Lévinas y que entiendan que es a través de otro como podemos ser alguien. Solos no podemos ser más que seres aislados, desposeídos, desasosegados. “Desde el momento en que el otro me mira”, escribió Lévinas, “yo soy responsable de él sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo que yo hago”. Los idiotas rechazan esa responsabilidad, consideran que cada cual es dueño de su suerte y destino y que somos islas compitiendo, vínculos rotos rechazando al vecino.

Permítanme pues que escriba este libelo contra la idiotez y los idiotas. Permítanme que me mire al espejo y me proponga la infinita tarea de eliminar de mis gestos y mis fondos todo atisbo del idiota que llevo dentro, del que se ha formado en las escuelas y universidades en los que el individualismo se inocula en dosis generosas. Permítanme que les anime a hacer lo propio. Quizá el tono moralizante me sale porque estoy asustado, porque cada vez entiendo menos a mis semejantes, porque siento que somos una especie autodestructiva, porque no entiendo la estéril soledad en la que se parapetan los nadie y la brutal violencia que ejercen los pocos que nos manejan. No desprecio a los idiotas… no: les tengo miedo, porque siento que cada minuto que pasan son más. Como una horda de zombis descontrolados, los idiotas se toman nuestros parques y nuestras instituciones, nuestras calles y nuestras moradas.

Contra ellos, lo comunitario; para nosotros, el leve consuelo de estar trabajando para construir una sociedad más hermosa y vivible en la que seamos verdaderamente libres de miedos y de soledad. Como dijo Lévinas: “Ser libre es construir un mundo en el que se pueda ser libre”. De ser así, no es tan fácil dejar de ser idiota para convertirse en un ser humano más digno de así denominarse.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

19 Nov 2017

Primer premio

8 0 5 6

CCAA

Serie: 13 Folio: 12

2o premio

9078

3er premio

3785

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código