CRÍTICA

El ídolo: Jorge Sarsaneda del Cid

La moneda nacional, unos cuadernos, una cerveza, una avenida importante, dos corregimientos, unas sardinas, un restaurante, una condecoración, una aseguradora, un puerto, una estatua –¡faltaba más!– ... Cosas tan disímiles como las enumeradas ya han adivinado el mítico nombre que llevan: Balboa.

Pero, ¿quién fue realmente este señor que es casi un ídolo en Panamá? A propósito de que algunos Gobiernos quieren celebrar los 500 años de que los españoles “descubrieron” (¿para quiénes?, ¿desde dónde se escribe la historia?) el océano Pacífico, se están organizando grandes festejos, con derroche de dinero. No más veamos los 150 mil dólares gastados en la réplica de la pila bautismal en la que supuestamente fue bautizado Balboa.

Cuando se celebraron los 400 años del mismo evento, hubo –al parecer– estudios e investigaciones que por lo menos fueron un aporte al conocimiento del continente. Ahora se quiere presentar al señor Balboa como el “precursor” de todos los que idearon el tránsito comercial por Panamá y –por tanto– del Canal.

Un “aperreador”, un traidor, un esclavista, un asesino, un adúltero, un embustero: ese fue realmente Vasco Núñez de Balboa, a quien ahora se quiere presentar como el epítome de nuestra nacionalidad.

¿Acaso en este territorio no vivía nadie? ¿Por qué no se celebra que los indígenas llevaron, guiaron y orientaron a los invasores para que vieran el “otro” mar? En todo caso, ellos –los indígenas– fueron los verdaderos “descubridores”. Es cierto que la mentalidad de ese momento era la de invasores que se apropian de las nuevas tierras, pero ¿por qué tenemos que repetir insolentemente los mismos argumentos?

Bartolomé de Las Casas nos da buena cantidad de datos sobre el señor Balboa como para que empecemos a quitarlo de su pedestal de ídolo. Sería bueno repasar los escritos de Las Casas y así –con gran vergüenza– devolveríamos la tal “pila bautismal” y con ese dinero podríamos hacer unos tres acueductos en la comarca Ngäbe–Buglé.

Peor aún, se dice que van a bautizar a un guna y un wounaan en la réplica de la muy costosa pila bautismal que están trayendo. ¿Qué hace la Iglesia católica apoyando estos eventos? La resurrección de Jesús –nueva vida para todos, especialmente para los pobres– ¿nos lleva a estos desatinos? ¿Qué diría Jesús de todo esto?

En los 33 años que he trabajado con y para los pueblos indígenas, he tenido que pedir perdón muchas veces por nuestras faltas de respeto a dichos pueblos, por nuestras fallas de inculturación, por todas las veces que hemos seguido imponiendo ritos, fórmulas, ceremonias que no se entienden, porque no hemos sabido hacernos indígenas con los indígenas, como sugeriría Pablo. ¿Qué hay que hacer ahora ante esta barbaridad? ¿Seguiremos ´adorando´ al ídolo?

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