La inauguración del Hospital Santo Tomás

1 de septiembre de 1924. Estamos en la terraza de la clásica entrada del venerable Hospital Santo Tomás de Villanueva, corregimiento de Calidonia y barrio de La Exposición. El presidente Belisario Porras, gestor de la obra, dirige las palabras de apertura al numeroso público, a los funcionarios, diplomáticos, y a las damas que colmaban el lugar. Nuestro primer hospital que llevó ese nombre fue fundado en 1702. Fue obra del obispo fray Juan de Argüelles, estaba en Santa Ana y atendía tan solo a mujeres. Los varones eran atendidos en San Juan de Dios. Para 1842, el también prelado fray Higinio Durán erigió otro en lo que es hoy el corregimiento de El Chorrillo, por allá por la Plaza Amador cerca del camposanto de nombre Amador, al que se refiere el amigo presidencial, el gracioso Toto. (Ver el texto). Nótese lo deshabitado de los alrededores. Nada de Avenida Balboa, estatuas ni demás. El resto del progreso llegaría después. El “elefante blanco”, como se le llamó al hospital, inició su útil andar. Ahora será reemplazado por un mamut, y vaya usted a saber si dentro de otros 70 años será reemplazado. 1 de septiembre de 1924. Estamos en la terraza de la clásica entrada del venerable Hospital Santo Tomás de Villanueva, corregimiento de Calidonia y barrio de La Exposición. El presidente Belisario Porras, gestor de la obra, dirige las palabras de apertura al numeroso público, a los funcionarios, diplomáticos, y a las damas que colmaban el lugar. Nuestro primer hospital que llevó ese nombre fue fundado en 1702. Fue obra del obispo fray Juan de Argüelles, estaba en Santa Ana y atendía tan solo a mujeres. Los varones eran atendidos en San Juan de Dios. Para 1842, el también prelado fray Higinio Durán erigió otro en lo que es hoy el corregimiento de El Chorrillo, por allá por la Plaza Amador cerca del camposanto de nombre Amador, al que se refiere el amigo presidencial, el gracioso Toto. (Ver el texto). Nótese lo deshabitado de los alrededores. Nada de Avenida Balboa, estatuas ni demás. El resto del progreso llegaría después. El “elefante blanco”, como se le llamó al hospital, inició su útil andar. Ahora será reemplazado por un mamut, y vaya usted a saber si dentro de otros 70 años será reemplazado.
1 de septiembre de 1924. Estamos en la terraza de la clásica entrada del venerable Hospital Santo Tomás de Villanueva, corregimiento de Calidonia y barrio de La Exposición. El presidente Belisario Porras, gestor de la obra, dirige las palabras de apertura al numeroso público, a los funcionarios, diplomáticos, y a las damas que colmaban el lugar. Nuestro primer hospital que llevó ese nombre fue fundado en 1702. Fue obra del obispo fray Juan de Argüelles, estaba en Santa Ana y atendía tan solo a mujeres. Los varones eran atendidos en San Juan de Dios. Para 1842, el también prelado fray Higinio Durán erigió otro en lo que es hoy el corregimiento de El Chorrillo, por allá por la Plaza Amador cerca del camposanto de nombre Amador, al que se refiere el amigo presidencial, el gracioso Toto. (Ver el texto). Nótese lo deshabitado de los alrededores. Nada de Avenida Balboa, estatuas ni demás. El resto del progreso llegaría después. El “elefante blanco”, como se le llamó al hospital, inició su útil andar. Ahora será reemplazado por un mamut, y vaya usted a saber si dentro de otros 70 años será reemplazado.

Textos: Harry Castro Stanziola

Fotografías: Todos los derechos reservados por R. López Arias

El encargado de esta página lamenta que el texto completo del interesante discurso pronunciado el 1 de septiembre de 1924 (hace 77 años) por el doctor Belisario Porras, presidente constitucional de la República, con motivo de la ceremonia inaugural del Hospital Santo Tomás, por su extensión –bendita tiranía del espacio– no se pueda reproducir tal como lo merece.

Agradecemos a Jorge Demetrio Porras, nieto del ex mandatario, la gentileza de hacérnoslo llegar.

Veamos en forma de resumen y extracto las ideas de Porras:

“Nobles damas y distinguidos caballeros. Señores todos”. Así fue la cortés introducción.

Porras comenzó manifestando que no ha tenido la ocasión de “rectificarlo o confirmarlo”, ya que no se acuerda en dónde lo habrá leído pero que existe “una verdad mortificante”, y es que los más valiosos descubrimientos han sido en gran parte resultado de una casualidad. Por ejemplo, el hallazgo de Isaac Newton y lo de la fuerza de la gravedad.

Pasa entonces a relatarle al numeroso público presente de dónde nació la idea de construir lo que sería el Santo Tomás.

Resulta ser que en Cocobolas, Las Tablas, don Belisario tenía un amigo muy estimado, muy bien plantado, valiente e inteligente. Le decían Toto y había sido hasta jefe de Brigada durante la Guerra de los Mil Días.

Según Porras, Toto relataba todo lo que le sucedía en forma tan jocosa, que por más desdichado que fuera el asunto, se lograba imponer el humor.

Toto le relató a Porras que durante las fiestas de Santa Librada y dentro del apretado programa no faltaba la típica corrida de toros en la plaza del lugar.

A una ancianita se le ocurrió pasar por una esquina donde se llevaba cabo tan peligrosa función. El toro, al ver aquel delicado bulto, se le abalanzó.

Agregó Porras que Toto, que estaba en la tribuna, sin pensarlo dos veces se lanzó al improvisado ruedo. Agarró al astado por el rabo y de un fuerte tirón lo echó al suelo, con tan mala suerte que le cayó encima fracturándole las dos piernas.

Naturalmente que Toto quedó imposibilitado para deambular.

Porras se enteró de lo sucedido y le mandó a decir a su amigo que le iba a conseguir todas las facilidades para transportarlo, a fin de que fuera tratado en la ciudad capital.

“Imposible mi dotol. Yo no iré a su hospital, que es a mi vel la puerta de entrada del cementerio de la ciudad. Déjeme molil aquí”, le respondió Toto a su amigo presidente.

En este momento de la historia hay que recordar que el antiguo Santo Tomás estaba a pocas cuadras del camposanto.

De aquí, según refiere Porras, le comenzó a dar vueltas la idea de construir un nuevo nosocomio para toda la comunidad.

¿Y de dónde podría venir el financiamiento? De la Lotería, cuyo contrato estaba próximo a finalizar.

El presidente la quería nacionalizar. Como era de esperar, un cúmulo de protestas, aplausos, discusiones y, por qué no, insultos se comenzaron a escuchar por su propuesta.

Mas la Lotería se estatizó. Y se ayudó a leprosos y a dementes nacionales de Palo Seco y Corozal. Se subvencionó a las Hermanas de la Caridad, al hospicio de los salesianos, a los talleres escolares, a la Cruz Roja, a ciertos colegios y escuelas, y a otras instituciones benéficas.

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