ECONOMÍA

¿Somos inmunes a la crisis mundial?: Roberto Alfaro Estripeaut

Hace unas semanas viajé a Europa donde me reuní con empresarios españoles y franceses. Allí reviví la frustración que en los años 80 sentía, como empresario panameño, cuando nuestra economía se encontraba en una gran depresión. Recuerdo aquellos días en que me despertaba y no sentía deseos de ir a mi oficina, quería evitar pasar más horas repasando los mismos problemas del día anterior. Hoy la crítica situación en los países comunitarios y en Estados Unidos parece que no se resolverá a mediano plazo, todo indica que se pondrá peor.

En Estados Unidos, importantes bancos siguen quebrando. El año pasado fueron más de 100 y este año la cifra supera ya los 80. Las ayudas financieras del gobierno no se podrán seguir recibiendo, pues las reservas federales no lo permiten. El desempleo continúa y la capacidad de endeudamiento está requetecopada. El otrora poderoso banco inglés Northern Rock –a pesar de que el gobierno lo había fondeado hace tres años con más de $600 millones– continúa en bancarrota. En la “poderosa” Suiza, los bancos grandes como el UBS cierran oficinas y liquidan a empleados en sus divisiones de la banca de inversión.

En casi todos los países comunitarios las calificadoras de riesgo reducen grados de inversión sobre sus deudas; en algunos casos hasta rebajarlos a “bonos basura”. La poderosa economía Alemana llegó la semana pasada, por primera vez, a fallar en la colocación del 40% de 11 billones en una subasta de bonos a 10 años plazo.

China, por su lado, continúa, gracias a su enorme surplus comercial, comprando deuda, a diestro y siniestro, apuntalando las caídas economías para evitar que dejen de consumir sus productos. ¿Hasta cuándo lo podrá hacer?, es incierto. Lo indiscutible es que en el momento que paren de comprar, varios países, incluyendo EU, posiblemente entrarán en incumplimiento del pago. Cuando le pregunté a los empresarios europeos: ¿qué le pasó a ese robusto gigante llamado Comunidad Europea? que conocí cuando viví en Roma, hace 10 años, ellos citaron una serie de razones que vale la pena repetir para ver si ponemos nuestras barbas en remojo. Con la entrada del euro las burocracias estatales crecieron tanto a nivel local como comunitario; los subsidios a la agricultura y la industria se hincharon sin precedentes; las jubilaciones y pensiones se aumentaron a medida que la población envejecía, pero la longevidad aumentaba; las nuevas generaciones no quieren hacer trabajos manuales y hay que importar mano de obra africana, de baja productividad; y el creciente consumismo produjo mayor inflación, por ende, elevó el costo de la vida.

Los administradores de la cosa pública y el flamante Banco Central Europeo, como solución, autorizaron aumentar las deudas mediante impresión masiva de monedas a fin de apuntalar las depiladas arcas de los diferentes países. De esta manera, solo el año pasado fueron 150 billones para Grecia, 120 billones para Irlanda y 110 billones para Portugal entre otros. Me parece que los panameños hacemos exactamente lo mismo: aumentamos los subsidios, las jubilaciones, la planilla estatal, los salarios, la deuda externa, importamos mano de obra regional y, últimamente, hasta imprimimos moneda. Tal vez aquí sabemos algo que los europeos y norteamericanos no han descubierto y somos inmunes a la actual crisis mundial.

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