POLÍTICAS ESTATALES

El costo de la inseguridad en la economía: Luis Alberto Morán A.

Cuando se estudia el entorno económico de los países y se analizan las razones por las cuales algunos tienen mayor crecimiento en comparación con otros similares, se ha evidenciado que el desarrollo económico y la inseguridad no van de la mano. Para las diversas economías, a mayor percepción de inseguridad a través de altas tasas de violencia y criminalidad, menor será el crecimiento de nuevas empresas, la expansión y llegada tanto de emprendimientos nacionales como de compañías extranjeras.

Cualquier nación que anhela el desarrollo económico no solo debe enfocarse en infraestructura moderna, sino en programas de seguridad ciudadana, confianza entre sus individuos y la relación de estos con las instituciones del Estado. Esto conlleva una armonía en la colaboración entre todos los agentes de la economía –individuos, empresas y Gobierno– para continuar el crecimiento y la competitividad de manera sostenida.

Hay datos interesantes de América Latina y el Caribe sobre el efecto de la inseguridad. Por ejemplo, el porcentaje de personas que reportan haber limitado sus lugares de recreación por temor a ser víctima del delito (entre 20.6% y 59.1%); los que restringen las visitas a establecimientos comerciales por esa misma causa (entre 16.8% y 51.5%), y quienes han dejado de salir de noche, entre el 45% y el 65% de los encuestados (PNUD–2012).

Dicha estadística demuestra que desde lo individual y social la inseguridad limita la libertad, tanto al destinar tiempo para divertirse y/o realizar alguna actividad productiva. Este fenómeno conlleva un amplio gasto público y privado porque se deben buscar alternativas para la protección, sin dejar de incluir los costos “irrecuperables” que se provoca a las víctimas de la delincuencia.

El impacto positivo que se refleja en la economía al mejorar la seguridad ciudadana se observa en el ranking de países evaluados como seguros en 2013. Destacan naciones desarrolladas como Islandia, Nueva Zelanda, Dinamarca e Irlanda, que han fomentado el crecimiento con equidad. La lección es que el crecimiento sostenido en el tiempo debe contemplarse desde un componente social y cultural en la población.

Desde la perspectiva de la región, una de las economías más prósperas y competitivas, que de igual manera ocupa el primer lugar en seguridad, es Chile, donde los costos de inseguridad no superan el 4% del producto interno bruto (PIB). Además destacan en este listado Uruguay y Costa Rica, en donde existe un gran respeto por los policías y predomina la baja ocurrencia de delitos comunes.

Ambos lograron prevenir y castigar la criminalidad, y lo han hecho a través de políticas públicas a largo plazo que trascienden los periodos de cada administración del gobierno, manteniendo la efectividad gubernamental con financiamiento sostenido. Este es un elemento importante para garantizar la continuidad y la medición de los impactos.

Me refiero con “políticas públicas a largo plazo” al mantenimiento de las instituciones encargadas de brindar seguridad y aplicar justicia, encargadas de velar por el cuidado del ciudadano. Para llevar a cabo dicha acción hay que alcanzar mejores resultados mejorando la selección y formación de las autoridades relacionadas con la justicia. Otro camino para reducir el impacto de la violencia y los delitos es impulsar un crecimiento equitativo, por eso es necesario volver a mirar a las provincias y al campo. Se deben brindar herramientas para fomentar polos de desarrollo en las provincias de manera integral. Esto ayudaría a reducir el espacio urbano que en la región es “alto”. En el área tenemos el nivel de urbanización más alto de países en vías de desarrollo, muy cercano al 80%.

Es lamentable observar casos de afectados por la violencia y el delito sin que de manera inmediata se les brinde apoyo físico y moral, por esto hay que crear programas para proteger y reincorporar a estas personas y a sus familias. En este sentido, se requiere fortalecer la presencia de policías, de zonas policiales y programas comunitarios en las áreas donde los porcentajes de delitos son frecuentes y van en aumento.

Al observar las cifras se nota que el rostro de la criminalidad, la violencia y la delincuencia guarda una amplia relación con la población joven. Los países en vías de desarrollo deben poner todos sus esfuerzos para que los adolescentes no caigan en esta distracción. Mientras más ocupamos a la población con programas educativos y recreativos, reducimos el tiempo para actividades ociosas. Esta acción tiene mayor impacto cuando se involucra a la empresa privada en programas empresariales con prácticas de trabajo que mejoren los niveles de experiencia e ingreso laboral durante esta importante etapa. Recordemos que la mayor tasa de desocupación actualmente se mantiene en los jóvenes.

No hay medidas imposibles para lograr el desarrollo económico de los países latinoamericanos. El único camino no es la riqueza de los pueblos, esta debe estar relacionada con el progreso y desarrollo de las personas, formando líderes con conciencia cívica. Solo basta capacidad y voluntad para llevar las ideas a la práctica a favor de una mejor calidad de vida para todos. @luchomoran

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