ESTRATEGIAS

Hacia una gestión integral del agua potable: Luis Eduardo Castañeda

En el tema del agua, hay un consenso claro en la necesidad de dar un manejo “integral” al recurso hídrico. La interdependencia entre usuarios y consumidores con el ecosistema requiere que el manejo se planifique tomando en cuenta cada parte como un todo. Sin embargo, en nuestro país, este enfoque de gestión integral parece limitarse al agua en su estado natural. La integridad del manejo aún está pendiente de implementarse en cuanto a la gestión de las infraestructuras en las que el agua se potabiliza, almacena y distribuye.

En Panamá, se pretende que los problemas de agua potable se atiendan, principalmente, con el desarrollo de nuevos proyectos de abastecimiento. El Estado se ha enfocado en tratar de suplir la demanda. El cambio debe darse en la forma en que se administran y mantienen los sistemas existentes. Para la administración eficiente, es necesario contar con un inventario detallado de sus componentes: tuberías, válvulas, tanques, estaciones de bombeo, etc. Con este inventario podemos determinar qué tenemos, dónde se encuentra, en qué condición y cuánto tiempo se puede esperar que dure.

Aunque pareciera elemental contar con este inventario, en Panamá es común encontrar que no existe, no está actualizado o no es confiable. Hace solo unos meses, durante las fases iniciales de los trabajos de construcción del Metro se produjeron muchas roturas de tuberías, simplemente porque el contratista desconocía en qué lugares estaban enterradas. Si no sabemos los activos con que contamos, su ubicación y su estado, ¿cómo podemos administrarlos correctamente?

El agua no contabilizada es otro aspecto que debe ser atendido. No nos referimos únicamente a las fugas visibles, que a diario se denuncian a través de los medios por el despilfarro que representan; nos referimos, también, a las fugas subterráneas no visibles y que, igualmente, desperdician una cantidad considerable de agua potable. Una manera de afrontar este problema es a través de la medición precisa del agua potabilizada y despachada por las tuberías. Tener macromedidores en las tuberías principales y micromedidores en las conexiones de las casas o comercios es una forma de determinar la cantidad de agua despachada (medida por el macromedidor) y la cantidad de agua consumida (medida por el micromedidor); cualquier diferencia considerable entre el volumen total de agua despachada y el volumen total del agua consumida sería señal de pérdidas por fugas o por conexiones ilegales.

No obstante, de acuerdo con las cifras disponibles en la página web del Idaan, más de la mitad de la población servida no cuenta con micromedición y, de la cantidad de micromedidores instalados, solo un 27% es leído para efectos de facturación.

La actualización tecnológica es otra tarea pendiente. La producción y distribución puede ser controlada por un sistema remoto de supervisión y adquisición de datos. Contando con una herramienta de gestión de este tipo, es posible monitorear y controlar de manera centralizada los distintos componentes de la red; se podría monitorear el caudal y presión de agua distribuida a los sectores y subsectores en la ciudad; controlar los niveles de los tanques de almacenamiento y contar con información en tiempo real de todos los componentes de la red. Esto permitiría mejorar la forma en que es operado todo el sistema, disminuirían los casos de rupturas en las tuberías por exceso de presión, permitiría tener alternativas para evitar bajas de presión en sectores; en fin, contribuiría a mejorar la seguridad y eficiencia en la operación de los sistemas de distribución.

Por mucho que invirtiéramos en tecnología, el problema no mejorará si no cambiamos nuestros hábitos de consumo. Entendemos que el carácter social del agua potable requiere subsidiar el servicio, pero este carácter social no debe traducirse en despilfarro. Es necesario realizar campañas de educación y concienciación sobre el uso correcto del agua potable; estas campañas deberán ir acompañadas de sanciones para quienes insistan en despilfarrar el recurso.

Las estrategias de gestión tendrán que evolucionar para hacer frente a los desafíos de conservar las fuentes de agua cruda, administrar la infraestructura existente, crear nueva infraestructura y concienciar al usuario sobre el uso prudente del recurso.

El agua potable tiene y debe seguir teniendo un carácter social. No esperamos que las inversiones necesarias para optimizar los sistemas sean recuperadas a través del cobro del servicio, sin embargo, no iniciar las acciones tendientes a la implementación de este tipo de mejoras es no tener la perspectiva correcta de lo que debe ser el manejo integral del agua potable. Inventarios actualizados, medición adecuada, actualización tecnológica y concienciación del usuario son pasos en la dirección correcta.

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