CANDIDATURAS

¿El fin justificaría los medios?: Dicky Reynolds O´Riley

Pareciera que trilláramos sobre algunos temas que nos roban la paz y la compostura social. Llamamos la atención en lo concerniente al “plan B” del gobierno en cuanto al tema de su continuidad en la administración estatal.

Por pertenecer a un partido unipersonal, se han quedado sin figuras del perfil del Presidente para que lo sustituya. La cara de bonachón de José Domingo Arias no es garantía de continuidad, le falta ese toque de maleantería. Él pareciera ser incapaz de “venderle candela al diablo”. Cualquier ciudadano común estaría de acuerdo con esto, porque así se evitarían los sobresaltos que representan las campañas de proselitismo político que, entre otras cosas, ensombrecen el paisaje económico, amén de tener que aguantar la sarta de mentiras de quienes deciden participar en dicho juego.

Los feligreses de la doctrina del señor Presidente se han dado a otra tarea, la de ensalzar la figura de la Primera Dama como posible relevo en la sucesión de su consorte, pero como Vicepresidenta de la República. Su actual despacho no tiene incidencia política visible, pero oxigena con humanidad los problemas que presentan los asociados, operaciones quirúrgicas, gafas, catástrofes y uno que otro favor. La señora Marta es el rostro bueno del gobierno, la que demuestra que siempre hay un “corazoncito” que, con una llamada, evita los engorrosos trámites burocráticos para las urgencias de los asuntos que tramita. Es la administradora de recursos para paliar las necesidades de la “gente de a pie”. Tiene glamour y carisma. Ella representa el anverso de la moneda pero, al fin y al cabo, es la misma moneda.

Hay una realidad, la Primera Dama pareciera ser una persona seria, responsable e intachable. Tirarla al cadalso dejaría sin argumentos a los que festinan con honores y honras ajenas, toda vez que no se estila atacar a las mujeres, por aquello del respeto que la mayoría de hombres que se mueven en ese ambiente le profesan a sus madres, hermanas y abuelas. ¿Pero, por qué someterla a ataques infundados para tratar de garantizar la estadía en el palacio presidencial? Este cuento de camino es la más burda justificación de lo que no le interesa, pero le apetece.

Por otra parte, hay que darle algún crédito a este gobierno en cuanto a la solución de conflictos que nacieron hace décadas, como el transporte y la transformación comunitaria del barrio de Curundú (una mancha en la conciencia nacional), con obras objetadas por los costos, pero ya hechas. Aunque la fiscalización posterior nos lleve a concluir que los cuestionamientos no eran infundados. La percepción de corrupción en este país dejó de serlo y el respeto a la institucionalidad es solo un espejismo.

El fenómeno de las candidaturas de primeras damas no es nuevo, ya se intentó en Guatemala, con divorcio incluido para guardar las apariencias de que la alcoba presidencial no era la nupcial. En Argentina, los Kirchner se convirtieron en una dinastía, y en la República Dominicana, la Primera Dama fue electa como Vicepresidenta.

El ego del Presidente es tan voluminoso que dice si no soy yo, puede ser quien mejor me conoce. Es un secreto a voces que él no se conformaría con estar en un segundo plano, sino que dictaría las pautas y ya sabemos cuál es su alcance. ¿El mandatario nos estará vendiendo el mensaje subliminal de que “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”?

Hay que recordar que las viudas también han tenido su participación, como cuentas del rosario del mandato de sus esposos, en las riendas de los gobiernos.

La reelección es la ambición de quienes regentan el poder (basta mirar a Barack Obama, a Luiz Inácio Lula da Silva o Álvaro Uribe), no por lo que significa para el Presidente, sino para toda la camarilla y las huestes que lo acompañan en su periplo. El solo hecho de sentirse fuera de las mieles del poder los lleva, muchas veces, a pretensiones que rozan el delito y la violación de preceptos constitucionales, todo con tal de estar entre los allegados al señor Presidente. No “por la continuidad del proyecto político”, idea que siempre nos venden, sino porque eso supone un pararrayos ante las consecuencias políticas o judiciales de sus actos o por temor al desarraigo del poder y a la pérdida de las canonjías que este produce, durante la sequía de cada cuatro años.

Algo parecido a la letanía que reza: “Ángel de la guarda no me desampares ni de noche ni de día”. Aquí se dice en todos los corrillos que los expresidentes son los únicos inmunes e impunes.

Muchos opinarán que no hay argumentos legales para vetar la candidatura de la Primera Dama como Vicepresidenta (aunque no se vea ético ni moral), pero es que en el diccionario de la política criolla estos términos no existen. ¿Será una reelección maquillada o quizás solo una inocente mariposa? ¿El fin justificaría los medios?

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