CONSENSO

Hacia una ley de la juventud: Juan Manuel Estribí Pérez

El proyecto No. 66 de 2014, que establece la ley de la juventud en Panamá y crea el Instituto Nacional de la Juventud, tiene que ser un tema obligado para todos los panameños cuyas edades se enmarquen en esa propuesta.

Sin embargo, el proceso que involucra la construcción de una sólida estructura que nos conduzca a una institución hecha ley, tiene que pasar por toda una serie de consultas para alcanzar el empoderamiento de los jóvenes y lograr que lo plasmado en el texto no solo sea meras palabras o que resulte en un ente público más del aparato burocrático del Estado.

El ejercicio tiene que emplearse partiendo de la realidad juvenil: su contexto social, económico, psicológico y cultural. Allí se enmarcan los factores que determinan la conducta e idiosincrasia del panameño. Adaptar modelos de otros países es lo mismo que comprarse un pantalón sin habérselo medido y, que al usarlo, nos quede corto.

La ley de la juventud solo puede alcanzar los resultados que se precisan, si nace a la vida patria considerando a sus protagonistas como parte de una verdadera y legítima institución de este país.

Sabemos que eso no ha sido debidamente valorado por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo. A los “poderosos” los jóvenes los “incomodan”. Si están educados –no “adiestrados” como animalitos– se convierten en una piedra en el zapato; si les permiten explotar sus capacidades, sencillamente, ellos no tendrían el control. Por eso es más lucrativo mantenerlos “dormidos”.

Aprobar una ley de la juventud no es el resultado final de la reivindicación de los sectores juveniles, como tampoco el comienzo de un camino. La ley ha de ser, primero, el producto de la voluntad consensuada de las fuerzas vivas, agrupadas en un aparato único de representación permanente de los jóvenes panameños, cuya legitimidad y organización interna sea tal que presente su verdadera voz, de manera que coadyuve y vigile a que el producto sea en beneficio de Panamá.

Vale la pena revisar el histórico papel que jugó la Federación de Estudiantes de Panamá y los movimientos de enero de 1964, cuyos protagonistas fueron los jóvenes que lucharon por la dignidad y el desarrollo de este país. Son las causas históricas las que los han llevado a unirse y hacer cosas grandes. Esta es una de ellas.

A la luz de ese signo, vemos que al joven no le molesta desprenderse en favor de los demás. A él no le interesa obtener algo a cambio: él da de sí mismo de forma desinteresada con el ánimo de servir. Representa energía, capacidad, alegría, creatividad, apertura, pureza y otras cosas más que le hacen un tesoro invaluable, que necesita protección, formación y acompañamiento.

Es algo que los jóvenes tenemos que creernos; es una cuestión de fe, es dejar atrás los intereses egoístas para procurar el bien común; es apoyarnos en los estudios científicos para sacar resultados concretos y objetivos.

Entendamos que invertir en la juventud siempre es ganancia, cuando se hace de manera planificada.

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