LIDERAZGO

Una lección de vida: Jacinto Hernández Ábrego

Debo reconocer con humildad, incluso con vergüenza, que no había atendido –con la obligación de un ciudadano– los graves problemas que enfrentan los grupos indígenas en nuestro país. Pero cuando ocurren sucesos como la crisis que vivimos todos hace dos semanas, reflexionamos, profundamente, en torno a las causas u orígenes del movimiento de los habitantes de la comarca Ngäbe Buglé.

Lo que se inició como un cierre más de calles, se convirtió en una causa nacional, y no porque se esté de acuerdo con prohibir la explotación minera e hídrica en el territorio comarcal. Puede haber argumentos sólidos para sustentar que, con un manejo adecuado y sostenible, esas riquezas se deben explotar. La reflexión va más allá. No importaron los inconvenientes derivados del cierre de la vía Interamericana, más del 90% de los grupos organizados del país se identificó con la causa, y la ciudadanía en general también apoyó a los manifestantes. Fueron evidentes los aspectos fundamentales que reclamamos desde hace años. En primer lugar, el ciudadano aspira a tener un gobierno con liderazgo, que enfrente los problemas con eficiencia, con una gran dosis de negociación. Ese rol lo asumió la Iglesia; sin la participación de monseñor Lacunza, sabrá Dios cuántos muertos estaríamos contando. En segundo lugar, la Policía perdió el control de la situación y actuó como un grupo represor. La estrategia de cortar las comunicaciones fue nefasta; al haber diferentes focos de protesta y, entre ellos, no darse la debida comunicación, se agravó el problema.

Lo más trascendente de esta crisis fue la sabiduría de los dirigentes indígenas. El estoicismo, serenidad, firmeza y, sobre todo, la seguridad de creer en sus principios y el empoderamiento de los problemas de su pueblo; esos fabulosos valores reflejados en las palabras y el rostro cansado, pero altivo de una verdadera dirigente. Cuánto orgullo deben sentir los ngäbes de su cacica y de su equipo negociador. Ese compromiso de servir a su pueblo debe constituir una lección para aquellos funcionarios, a quienes su torpe arrogancia y prepotencia le impiden ver más allá de su nariz. Otra lección aprendida es que la imposición no es la fórmula para implementar programas o proyectos, no importa si son positivos o no; los ciudadanos reclamamos, con justo derecho, emitir opinión sobre todo lo que ocurre a nuestro alrededor. La autoridad es electa o designada para dirigir y tomar decisiones, basadas en el consenso, derivadas del interés comunitario regional o nacional. Pido a Dios que ilumine a nuestros dirigentes, y que la serenidad, el liderazgo, la capacidad para expresar opiniones con humildad, pero con firmeza de Silvia Carrera, se conviertan en una lección aprendida para ellos.

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