PROMESAS INCUMPLIDAS

La legitimidad de un mandato: Erick Levy

Un mandato no es otra cosa que la indicación que le da un superior a un subordinado o al que acepta el mandato que vendría a ser el mandatario.

La dinámica de las últimas cuatro elecciones en nuestro país ha ido evolucionando a un ritmo increíble, la propaganda y el mercadeo político han desplazado por completo la ideología y la mística partidista, dando como resultado concretamente que antitorrijistas se proclamen torrijistas, antiarnulfistas liberales se proclamen arnulfistas y gente que ocupó cargos importantes en todos los gobiernos se autodenomine independiente.

Sin embargo, esta dinámica no solo ha llevado a personas a militar y postularse en colectivos que no los representan internamente, ha llevado también a que los resultados de focus group o encuestas marquen lo que un candidato deba decir y comprometerse durante la campaña, aunque esté convencido de que no cumplirá gran parte de sus compromisos.

Si la razón lógica por la que un votante confía su voto en un candidato, son sus propuestas de campaña, tales como cambiar el método en el que se nomina y elige al contralor general de la República, al procurador y a los magistrados; si se compromete a realizar los viajes internacionales en su propio avión y a no comprar una aeronave nueva; si se compromete a pagar la inversión social del Estado eliminando las comisiones de los cónsules y no lo hace; si se compromete a bajar la canasta básica pero, contrario a ello, beneficiando a los distribuidores de alimentos, la misma sube; si se compromete a luchar frontalmente contra la corrupción y dar transparencia absoluta, pero se escuda en la seguridad nacional para no exhibir contratos multimillonarios; si se compromete a poner los intereses del pueblo primero, pero pone los interés de los amigos primero; si se comprometieron a acabar el relajo de que gente entre limpia a trabajar en el Estado y salga millonaria y lo cambian por gente que entra millonaria y sale hacendada y billonaria, nos damos cuenta de que no se cumplen las indicaciones que le dio el pueblo el día de la elección al mandatario, por ende, su gestión carece de legitimidad. Es cierto que algún detractor u opositor de los gobiernos anteriores podría hacer un artículo muy similar a este y ser válido, ya que sin excepción hemos sido gobernados por dirigentes que en algún grado no han cumplido con un porcentaje importante de sus compromisos de campaña.

Ante esta realidad, pareciera que el mejor remedio sería que en las próximas e inminentes reformas constitucionales se introduzca la revocatoria de mandato popular a mitad de término, sistema que se aplica con éxito en sociedades con ideologías diametralmente opuestas como en Venezuela o el estado de California, en Estados Unidos, sin lugar a dudas este factor serviría para que un candidato no se comprometa a subirle las comisiones a los billeteros en un 25% para luego de ser electos aclarar que se trataba de los ingresos brutos, es decir un 2.5%.

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