Una luz al final del túnel...

En nuestra ciudad hacemos construcciones que cercenan la vista hacia el infinito, reemplazándola con más concreto y materiales artificiales

La ciudad de Panamá ha sido realmente bendecida por Dios, y una gran cantidad de países del globo terráqueo desearía tener el encanto y la ubicación maravillosa que nuestra ciudad tiene a lo largo de la Avenida Balboa en contacto directo con el precioso océano Pacífico. En otras ciudades, como por ejemplo Río de Janeiro, los gobiernos han gastado millones de dólares para acondicionar estas áreas vecinas al mar, para ofrecer al ciudadano y a sus visitantes un espectáculo en el que la naturaleza sirve de marco de belleza en contraste con la armonía de las obras que el hombre pueda realizar. En nuestra ciudad hacemos todo lo contrario: realizamos construcciones que cercenan la vista hacia el infinito, reemplazándola con más concreto y materiales artificiales.

La ciudad de Panamá y los demás centros urbanos que aspiran al título de ciudad se están desarrollando de manera tan desordenada, debido al poco interés que el tema de planificación urbana merece. No existe en nuestro país una autoridad que controle en realidad el tema de la construcción y de la planificación previa, y mucho peor, no existe aparentemente la voluntad siquiera para preocuparse de este asunto. Pese a la existencia del Ministerio de Vivienda, entidad encargada de la creación y actualización de normas de controles al crecimiento, y de las respectivas oficinas de obras municipales o Ingeniería Municipal de los diferentes municipios, quienes son los responsables del cumplimiento de las mismas, observamos que día tras día nuestra utópica planificación y soñado ordenamiento físico se deterioran a pasos agigantados y se alejan más de la realidad, dando lugar a las más incrédulas violaciones de nuestro marco legislativo y normativo, contando con la complacencia, complicidad y patrocinio de algunas autoridades municipales, y con el oído sordo y silencioso de las autoridades ministeriales y gubernamentales en el ejercicio de sus funciones.

En estos momentos las autoridades responsables, en franca coordinación, ya deberían tener una alternativa bien estudiada y planificada del crecimiento de la ciudad de Panamá, en especial hacia el sector suroeste o sea hacia el mar, contemplando la ampliación de la Avenida Balboa cuya capacidad de desalojo ya sobrepasó el obsoletismo, y al mismo tiempo sin perder el contacto directo visual y sensitivo del entorno que maravillosamente da belleza a tan lindo malecón; ya se debieran tener localizados los puntos estratégicos que puedan resolver el tema de las diferentes conexiones viales para accesar y desalojar las diferentes áreas de desarrollo comercial a lo largo de la Avenida Balboa, para no caer en el común y tan conocido desarrollo mediocre e improvisado que surge como una necesidad y una presión que lógicamente –y con mucha justificación– utilizan algunos inversionistas.

Es por esta razón que el ordenamiento físico de la ciudad de Panamá y los otros centros urbanos del país obedece a soluciones bomberiles y manufacturado como una panacea de momento para solucionar a medias los múltiples problemas de vialidad, de espacio, de zonificaciones, de impacto ambiental, contaminaciones y muchos otros, justificándose muchas veces por presiones de poder, política, amiguismo, prepotencia, sin tomar en cuenta la opinión y el consejo que profesionales idóneos en la materia puedan aportar y ofrecer, y sin darnos cuenta del daño enorme que estamos causando cuando vemos que estas mismas medias soluciones son el obstáculo para implantar un buen ordenamiento físico funcional, planificado, de acuerdo y a tono con nuestro crecimiento en tiempo futuro.

Felizmente hubo una luz al final de túnel, con la actuación vertical de la Corte Suprema de Justicia al declarar inconstitucional el proyecto de la rampa al centro comercial Multicentro. Debiéramos los panameños aprender de esta experiencia tan negativa y darnos cuenta de que ya es hora que nuestras autoridades tomen en serio el tema de urbanismo, y busquen las alternativas para que una autoridad idónea –constituida por profesionales planificadores, duchos en la materia– y las oficinas municipales que autorizan o desaprueban sean totalmente independientes y no subordinadas a los políticos de turno, y puedan manejar de forma técnica, profesional y eficiente el planeamiento urbano de nuestros centros de desarrollo en el país, que hoy día se maneja como una fórmula política más para complacer a algunos, en detrimento de la gran mayoría y de nuestras futuras generaciones.

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