OPORTUNIDAD

No hay mal que por bien no venga: César A. Tribaldos G.

Durante casi un mes hemos escuchado muchas opiniones encontradas sobre el problema de los indígenas y las hidroeléctricas. Las opiniones son casi 50/50, a favor y en contra. Sin embargo, al evaluar los resultados vemos que en esta situación todos hemos perdido. El Gobierno inicialmente perdió ante la opinión pública, por haber actuado con prepotencia y confrontación, y los grupos comarcales han ido perdiendo algo de apoyo, porque hay algunos grupos que consideran que ellos están en una posición intransigente, que pone en peligro el futuro desarrollo del resto de los habitantes del país.

Si el Gobierno se hubiera reunido desde el primer día en San Lorenzo, no en David, o en la Presidencia, como se propuso, no habríamos pasado por el desgaste del cierre y la confrontación con la que todos hemos perdido. El diálogo se habría realizado en un ambiente sin recelos ni desconfianza, lo que le habría permitido a las partes encontrar, más rápido, una solución.

Nuestras comunidades indígenas tienen toda la razón de sentirse engañadas, no solo por este gobierno, sino porque tienen 500 años de sentirse rechazados, ignorados, detestados, excluidos y rezagados en las áreas comarcales, por protección y desconfianza, de forma que se abstienen de convivir con el resto de los panameños, sin posibilidades de llenar sus expectativas para una mejor calidad de vida. A pesar de contar con comarcas que ocupan el 10% del territorio nacional, no se sienten parte del resto de la población. Además, habitan las regiones más olvidadas, con el índice de pobreza y deserción escolar más alto del país.

Hay un dicho muy viejo que dice: “Todo problema es una oportunidad”. ¿Por qué no aprovechamos la oportunidad y diseñamos, entre todos, políticos, grupos indígenas y sociedad civil, una política de Estado sostenible, a mediano y largo plazo, que logre integrarlos social y económicamente al resto del país? ¿Porqué no aceptamos un mea culpa por el abandono sostenido por cientos de años, y los convencemos de que ahora nosotros, el resto del país, los necesitamos a ellos para solucionar nuestro problema de demanda energética? ¿Qué tal si, luego de hacer los ajustes necesarios, que les aseguren la protección y conservación de su propiedad colectiva y luego de mitigar adecuadamente el impacto ambiental, el Gobierno construye la hidroeléctrica y les da la propiedad de las mejoras, con una hipoteca para que se repague, y que las utilidades que iban a recibir los empresarios, locales o extranjeros, sean para ellos? ¿No creen que sería una forma de integrarlos económicamente a la sociedad panameña? El Gobierno haría la inversión y cuando se termine de pagar, la hidroeléctrica sería de la comarca.

Eso, quizás, los motive a generar pequeñas empresas o cooperativas de su propiedad, que puedan concesionarle a la comarca pedazos de tierra para sembrar café, cacao, legumbres, etc. y que, en vez de trabajar para otros, ellos produzcan para su propio consumo o comercialización directa. Además, quién mejor que ellos para poner la experimentada mano de obra que actualmente venden a terceros; incluso, podrían cultivar productos orgánicos con los que, bien mercadeados, obtendrían un mejor precio que el producto tradicional en los mercados europeos.

Y ¿por qué no utilizar sus reservas hídricas, montañas y bosques, para desarrollar un turismo ecológico y diferenciado, de calidad sostenible, como lo han hecho en menor escala los indígenas de Guna Yala y los emberá? Sería un producto único, porque hay otros destinos turísticos que no tienen grupos indígenas.

Conozco de una tribu, de las 600 que existen en Canadá, cuya cacique cambió la estructura de pobreza y abandono que ellos habían sufrido por varios cientos de años, y preparó un plan de desarrollo para su comarca, con el que primero apostaron por mejorar la educación, a la vez que, en conjunto con el Gobierno, construyeron obras de infraestructura que hoy le permiten a los miembros de la etnia contar con empresas de transporte, minería amigable con el medio ambiente, hoteles, comercios y universidades propias. Hace tres años lograron producir utilidades que superaron los 70 millones de dólares. Hoy día son una gran empresa integrada al sistema, pagan impuestos, mejoró su autoestima y, como ellos dicen, ahora hasta los blancos trabajan para ellos.

¿No creen que es hora de poner nuestra creatividad de panameños –que nos distingue de otros países– para desarrollar un plan estratégico de desarrollo sostenible que los integre, como hicimos con el centro bancario (hoy día uno de los más exitosos del universo), el turismo (que contribuye con más del 14% al PIB), la Zona Libre de Colón (la segunda más grande del mundo), los puertos (que hoy mueven más de 3 millones de contenedores al año), para que a estos grupos originarios los dejemos de tratar como indios, vagos, borrachos e ignorantes?

Todos somos responsables de lo que hoy estamos viviendo. Por un lado, la prepotencia, arrogancia, avaricia, engaño y olvido de muchos gobiernos contra la falta de visión de otros a quienes debemos ayudar a abrir la mente, para que aprovechemos, juntos, la oportunidad que se nos presenta con este problema. No hay mal que por bien no venga.

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