EDUCACIÓN

¿Cuál es la cura de los males sociales?: Miguel Zúñiga Vallarino

Panamá se jacta de ser un país primer mundista, con una ciudad de edificios que rozan las nubes, se acercan al sol, y que además se atreven, descaradamente, a hacerle competencia a las grandes urbes mundiales. Pero detrás de estas megaestructuras y economía pudiente se esconden dos enfermedades contagiosas, la ignorancia e incultura, cuya cura –la educación– la tenemos a mano, pero todavía no hemos aprendido a suministrarla ni utilizarla. Ambos males se han propagado por nuestro territorio rápidamente y están llevando al país a una decadencia social sin precedentes. Las acciones se tienen que tomar hoy porque mañana ya será muy tarde.

La educación pide a gritos ser atendida, lleva años esperando que alguien la rescate y hasta ahora son muy pocos o ninguno los que se han dignado a darle una mano. La falta de una buena educación ha abierto un abismo entre las clases sociales. Quien se gradúa de una escuela pública no tendrá, pero ni cerca, las mismas oportunidades que quien lo hace de una escuela privada. Esto es así, primordialmente, porque tanto los docentes como el contenido de las clases impartidas y las infraestructuras de las escuelas son inmensamente diferentes.

La enseñanza privada ofrece años educativos ininterrumpidos, es decir, sin huelgas constantes ni daños materiales que hacen imposible el impartir clases, y sin negociados que perjudiquen a los estudiantes e instituciones educativas.

Entonces, muchos se preguntan ¿por qué si vivimos en un país con un auge económico tan grande yo sigo sin percibir nada, sin oportunidades ni soluciones? La respuesta, aunque sea difícil de asimilar, es que nunca estarás lo suficiente preparado para conseguir un trabajo en una empresa, si tu instrucción fue pobre, si no te dieron las herramientas para afrontar un mundo que te exige el máximo siempre. Sentirás que no estás bien capacitado para competir con otros y esto no debe ser así.

Hasta que no llegue un gobierno que ponga a la educación como prioridad número uno, nada cambiará. El Estado no solo debe invertir en esta sino hacerlo bien, con una responsabilidad social monumental. Sé que sonará como una utopía en estos instantes, pero creo que es el momento de exigir que esto sea lo primero en nuestra pirámide de necesidades.

La falta de educación es un círculo vicioso y enfermizo, un país que descuida esta prioridad está destinado a la pobreza, a la violencia, a la ignorancia, a la incultura, a la falta de valores y a todos los males que tu mente pueda imaginarse.

Me sumo a la idea de que la educación es la base para mejorar la calidad de vida del panameño y de cualquier habitante del planeta. Esta cura todo lo que mencioné en el párrafo anterior. Piénsenlo, estamos próximos a las elecciones y es una excelente oportunidad para exigirle a los candidatos propuestas concernientes a este tema, con soluciones reales. No más obras de infraestructura. ¡Exijamos obras sociales! ya es hora. Termino con una frase del reconocido pensador chino Confucio, que dijo alguna vez: “Donde hay educación no hay distinción de clases”.

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