PREPARACIÓN DEFICIENTE

Se mantiene la brecha educativa: Eduardo Espino

En Panamá, la mayoría de los jóvenes que termina la escuela primaria no continúa sus estudios secundarios (premedia hasta noveno grado y media hasta duodécimo grado). Las estadísticas reflejan 60% de deserciones y fracasos; es decir, que menos de la mitad de los estudiantes entre 12 y 17 años en edad de obtener un título de bachiller secundario lo consigue.

Las cifras son proporcionalmente más altas en las áreas rurales y comarcales, revelando una gran disparidad o brecha educativa. Este tema se agrava más cuando se mira con lupa y se analiza no solo la cantidad de alumnos de la escuela secundaria que obtiene su bachillerato, sino la calidad de la educación recibida, que está muy por debajo de los estándares en el sector público y en algunos planteles privados, donde se paga y se pasa.

Las reformas implementadas en los últimos años para reducir la cantidad de bachilleratos y darles un contenido más acorde con el mercado laboral es un pequeño logro que debe sumarse a otras medidas difíciles de llevar a la práctica por la intransigencia de los sectores gremiales al cambio.

En el ámbito de la educación pública se trabaja más para llenar trámites burocráticos y requisitos de estadísticas vacías, según el interés de los gremios, antes que por el bienestar estudiantil. Es impresionante la cantidad de horas de clase que se pierden. Es más importante ir a reuniones que atender a los estudiantes. El sistema está casi secuestrado por la burocracia.

En la secundaria se deben afinar las habilidades y competencias académicas y personales que el futuro adulto necesitará para adecuarse y actuar en el mundo como una persona consciente de sus derechos y obligaciones ciudadanas, productiva, autónoma y con actitud crítica e innovadora ante los retos que plantea el diario vivir profesional y social.

Hay que preparar al estudiante para que sea un profesional competente que pueda seguir estudios universitarios o técnicos con alto nivel de calificación y aptitudes correctas para la competitividad laboral. Desde la premedia se requiere orientar al joven para ayudarlo, junto a sus padres, a tomar las mejores decisiones frente al futuro. Deben existir suficientes ofertas educativas de estudios universitarios y dejar claro que no todo egresado de la secundaria tiene que ir a la universidad. La economía panameña necesita trabajadores calificados, porque hay puestos que quedan vacantes por mucho tiempo a falta de capacitación técnica a nivel superior. Persiste el mito de “buscar una licenciatura” y miles de jóvenes “calientan sillas” en las universidades, sin adquirir las competencias requeridas para la licenciatura, porque en el fondo no están en el lugar donde deberían estar.

Así, las empresas pasan “páramos” para contratar a técnicos especializados. Los extranjeros ya ocupan esas plazas de trabajo, mientras las universidades están saturadas de alumnos mediocres que no recibieron buena educación secundaria ni podrán terminar, a satisfacción, una carrera de licenciatura universitaria.

En la educación premedia y media, el estudiante debe desarrollar el sentido de responsabilidad y servicio comunitario. Hay que fomentar el esfuerzo para conseguir las metas trazadas, con asertividad y capacidad para superar las dificultades personales; esto como parte del acervo de conductas y actitudes hacia una autorrealización y desarrollo personal. Esto no se ve en la mayoría de los egresados de los bachilleratos, y trunca al futuro adulto de mejores oportunidades.

Incluso, en algunos colegios privados se hace énfasis casi exclusivamente en el aspecto académico y se deja de lado el crecimiento en valores. Por esa razón, la conducta de los alumnos es arrogante y se concentran, desde que egresan, en ganar dinero, olvidando elementales normas de trato interpersonal; consideran a los maestros y profesores como empleados, desde pequeños se jactan de las influencias de sus padres en el mundo político y social, y tienden a la indisciplina. El alumno promedio proveniente de escuelas católicas tiene un mejor perfil de actitudes.

Otro aspecto es la enseñanza del inglés en la educación media; se hace énfasis en las clases en ese idioma como estrategia de marketing del colegio, pero al hacerlo no se imparten en detalle y con carácter integral las materias científicas como matemáticas, química, física y biología; desarrollando de manera superficial el dominio adecuado de estas asignaturas.

Cualquier idioma extranjero se aprende en nivel intermedio y luego se puede reforzar en países o en ambientes estructurados en los que se hable dicha lengua.

En resumen, hay una brecha educativa a nivel secundario en Panamá, que es mayor en las áreas marginales; la preparación de muchos egresados de la enseñanza media no es idónea para llevar una vida autónoma y productiva; en algunas escuelas privadas lo más importante es el marketing de imagen y cuánto se paga por mes, y no se forma en valores a los estudiantes. El resultado es una generación desmotivada para el estudio y poco preparada para afrontar los retos académicos para una vida profesional óptima en la era de la globalización y el conocimiento.

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