Solidaridad humana

Los médicos y las médicas también sentimos

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Los médicos y las médicas también sentimos

Aquella señora había perdido a su hija adolescente después de una lucha por varios años contra el cáncer. Su dolor era profundo y su necesidad de culpar a alguien, mayúscula. A pesar de saber que en el hospital se le había ofrecido el mejor tratamiento, no podía evitar pensar que a los médicos y las médicas no les importaba que finalmente su reinita había muerto y que solo representaba una cifra más, el 10% de quienes no se curan de esa enfermedad.

Sin embargo, un año después decidió aceptar la invitación a un seminario de cuidados paliativos sin imaginarse que pronto descubriría lo equivocada que había estado. Una mesa redonda en la cual participaban varios especialistas tenía la misión de compartir con la audiencia sus experiencias personales, sus vivencias al tener que dar malas noticias y reconocer que no podían hacer más allá de lo que la ciencia les permitía. Fue revelador cuando el neonatólogo contaba cómo haber sido familiar y no doctor ante la muerte de su padre, le marcó para siempre y le enseñó a ser empático con sus pacientes y la familia. No pudo evitar, también ella, llorar cuando la hematóloga dejó salir sus lágrimas al evocar los recuerdos de su dura tarea de informar a sus pacientes y familiares que no había respuesta ante el tratamiento y solo quedaba ofrecerle la mejor calidad de vida del día a día que lograra sobrevivir. Impactante resultó cuando la intensivista confesó que sus noches eran intranquilas, que el insomnio se apoderaba de ella y que la sensación de impotencia por no poder salvar esa vida, cuya muerte prematura consideraba antinatural, la hacía llorar.

Ese día, esa señora y todo el público que llenaba el auditorio, pudieron descubrir que los médicos y las médicas también lloramos, también extrañamos a nuestros niños, niñas y adolescentes que han terminado tempranamente su ciclo de vida terrenal, que también sentimos, aunque no siempre lo digamos y escribamos un poema como el que sigue:

La Vida más allá de la Vida

De ti aprendí a valorar la vida

Pues tu tierna sonrisa en medio del dolor

Era una grandiosa lección de amor

Sin entender por qué tenías que sufrir

Por qué a tu tierno cuerpo el mal acabaría

Mil preguntas sin respuestas yo me hacía

Y quería tener poderes que te sanaran

O que Dios con un milagro te beneficiara

Hoy he aprendido, tras tu ausencia física

Que recordar tus alegrías y hasta tus sufrimientos

Que tenerte presente y jamás olvidarte

Es en verdad la vida más allá de la vida.

*La autora es médica psiquiatra y paidopsiquiatra

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