REFLEXIÓN

Sin miedo a vivir... se pierde el miedo a morir: I. Roberto Eisenmann, Jr.

Al pasar de los 75 años, cuando la mayoría de los amigos son ochentones y hasta noventones, toda persona por lógica tiene que afrontar su propia mortalidad. Esto es así porque además ese vestido que nos dio Dios (llamado cuerpo) envejece, aun cuando el espíritu haga esfuerzos por mantenerse joven. Comienzan los achaques y los dolores o molestias “nuevas”, antes desconocidas.

Sin embargo, hay una diferencia importantísima (Jane Brody dixit, en The New York Times), entre inteligentemente aprender a aceptar lo inevitable o rendirse. El rendirse o negarse a hacerlo tiene mucho más que ver con nuestras actitudes hacia la vida que hacia la muerte. Es más: la negación a rendirse puede producir una positiva y energizante actitud hacia la vida, tanto en jóvenes como en viejos, saludables o enfermos.

...Y cuando nos toca una enfermedad no hay pensamiento más inútil que mirar hacia arriba y cuestionar a Dios “¿por qué yo?”. La pregunta lógica es la contraria, “¿por qué no yo?”. ¿Tengo yo alguna razón para sentir que debo tener más privilegios que Cristo, el clavado en la cruz de palo? Al afrontar una amenaza de vida, en vez de rabia y depresión, aquellos que tienen una actitud agradecida hacia la vida normalmente mantienen la calma y sienten una increíble serenidad cuando la imagen de la muerte asoma... y por esta misma serenidad a veces superan la crisis y salvan su vida.

Otro asunto muy importante es que todos podamos hablar abiertamente con familia y amigos sobre la muerte. La conversación abierta en mucho disipa el temor a la muerte.

He usado la palabra “muerte”, pero para no complicar este artículo más de la cuenta les recuerdo que, como he escrito antes, no creo en la muerte. Por varias vivencias en que he afrontado la muerte –una de ellas con mucho tiempo para pensar mientras la miraba de frente– he llegado a la conclusión de que lo que llamamos muerte es en realidad una transición hacia otra dimensión o vida.

Esto lo digo con certeza porque fue totalmente indescriptible en palabras la increíble serenidad que sentí cuando sabía que iba a “morir”. Serenidad que sentí también en otra vivencia distinta, pero en que la “muerte” estaba presente conmigo.

Algunos ateos pensarán que son creaciones mentales por mi fe religiosa; es posible, pero no probable. Soy hombre de fe, sin lugar a dudas, pero no me considero religioso. Creo en el Cristo-hombre y su mensaje de vida, pero tengo serias dudas sobre muchos dogmas de mi religión. ¡No! ... creo que mis vivencias confirman que así como nacer fue traumático, nacer a la próxima dimensión o vida también lo será, y que así como esta vida es maravillosa, la otra no tiene por qué no ser aún mejor. ¡Por eso no creo en la muerte! Tengo la seguridad de que somos más que nuestro cuerpo físico.

Si quieren leer un libro sobre esto, escrito por un científico que era casi ateo (Dr. Eben Alexander, neurocirujano) sobre su experiencia personal real, compren Proof of Heaven (también en español).

Si no tenemos miedo a vivir, conociendo la evidencia de la conciencia extendida ¡perdemos el miedo a morir!

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