NUEVA ERA

Los ‘millennials’ y los retos de la educación: Enrique Lau Cortés

“Nuestros maestros y profesores le dan clases a niños que no existen”, fue la conclusión de un estudio sobre tecnología en la educación que me compartió el emprendedor nicaragüense Ricardo Terán. Esto obedece a que nuestros educadores usan herramientas y métodos del siglo pasado, de la generación X, conocida también como la generación perdida, que agrupa a los nacidos entre los años 1960 y 1980. Que fue testigo de hechos relevantes como la caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría, y del desarrollo pleno de los modelos neoliberales que alientan el consumismo. También presenció grandes cambios en los sistemas políticos, la aparición del sida, los avances en las telecomunicaciones, la medicina y la transferencia del internet a las universidades. Es decir, fueron testigos de la transición tecnológica que ahora vivimos, sin embargo, se educaron memorizando, escribiendo planas, recortando figuritas, copiando lo que escribían sus maestros con tiza en el pizarrón.

El choque ocurre cuando un profesor de la generación X pretende enseñarle a un joven nacido entre 1980 y 1995, que llegó a la vida adulta en este milenio con los cambios tecnológicos, con prosperidad económica hasta que apareció la crisis que sacudió al mundo; con nuevas características, necesidades, gustos y preferencias. Estos jóvenes conocidos como nativos digitales sienten a las computadoras y los dispositivos móviles como prolongaciones de su propio cuerpo, prefieren ver televisión por internet, utilizan las redes sociales y los chats para comunicarse aun cuando estén uno frente al otro. ¿Quién a estas alturas duda de que ese sea un nuevo verbo?, si desde la XXIII edición del Diccionario de la Real Academia Española ha sido reconocido.

Tienen la capacidad para hacer varias cosas a la vez en más de una pantalla, dedican un promedio de siete horas al día para conectarse online, incluso han desarrollado su propio lenguaje. Son “nomofobos” y “appdictos”, utilizan las pantallas para socializar, trabajar y para el ocio. Todos tienen su teléfono celular con data y a veces más de uno, 70% utiliza laptops, y un número creciente se ha convertido en usuario de las famosas tabletas. Según un estudio realizado en el 2014, ellos bajan 5 millones de aplicaciones diarias. El 88% tiene perfiles en las redes sociales y esta es la principal actividad que realizan con sus teléfonos inteligentes. Son muy activos, se comunican y comparten información, generan contenidos y les fascina lo inmediato, pero se aburren rápidamente y pierden la atención si consideran que lo que reciben es anticuado u obsoleto. Le dan mucho crédito a las opiniones de sus amigos, son más críticos, exigentes y volátiles; el 86% declara que se cambiaría de una empresa, universidad o escuela que no tenga un buen soporte digital.

Podemos tener los conocimientos de nuestras asignaturas, pero ¿cómo nos aseguramos de que nuestros jóvenes los hayan asimilado? Ahí está uno de los grandes retos. No solo se requiere saber lo que se debe enseñar, sino cómo enseñarlo, por eso es importante que se revisen los cursos de docencia superior que se exigen como requisito para enseñar en las universidades, para que nos aseguremos de que han incorporado el conocimiento de los millennials y aprovechemos los dispositivos móviles, las aplicaciones novedosas y las redes sociales, como aliados en la enseñanza. De nada nos sirven los tableros inteligentes que los profesores no se atreven ni a encender y los usan con marcador, o dotar de computadoras a los profesores si sus alumnos saben usarlas mejor que ellos. Se requiere un cambio de estrategia que incluya la capacitación en las tecnologías de la información y comunicación. Comprender que los jóvenes actuales son autosuficientes, autónomos y quieren ser protagonistas requiere que eliminemos las técnicas dogmáticas en las que el concepto es así, porque lo dice el maestro, ya que rápidamente los estudiantes, desde sus teléfonos móviles buscarán en internet, “googlearán” y sabrán la verdad. Ellos valoran mucho la participación, y lo que antes se llamaba copiar ahora se entiende como trabajo colaborativo, ya que ellos prefieren compartir al tiempo que adoptan nuevos valores como la integridad, la transparencia y la sostenibilidad. No olvidemos educar para la vida, promoviendo el pensamiento crítico y los valores con nuestro ejemplo. No dudemos en reconocer cuando un estudiante tiene la razón y nosotros no, porque perderá lo que hasta ahora conservamos de ellos: El respeto.

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