ESCENARIO GEOPOLÍTICO

El mapa mundial del crudo: Augusto Manzanal Ciancaglini

Arabia Saudí continúa facilitando la circulación de 30 millones de barriles de petróleo diarios, colocando el precio por debajo de los 60 dólares para debilitar a los otros dos grandes países productores: Rusia y, especialmente, Estados Unidos, que le arrebató el primer lugar mundial gracias al fracking, con el que ha podido aumentar su producción de crudo en un 39%, desde finales de 2011.

Por otra parte, Irak se ha elevado a un nivel récord este año, mientras que Irán, anteriormente el segundo mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se irá reincorporando con gran magnitud, luego de confirmarse la eliminación en un futuro cercano de las sanciones impuestas a sus exportaciones.

La bajada del precio del petróleo, al ritmo del declive de la OPEP, está modificando el escenario geopolítico en elementos que parecían intocables; el rentismo bolivariano se descompone y con él la alianza fundamentada en la retórica antiestadounidense que mantenía con un Irán que hoy, dentro de lo que cabe, parecería ser un poco más pragmático; la república islámica ha apoyado la inquebrantable decisión de su archirrival Arabia Saudí en detrimento de los miembros menos eficientes de la OPEP, como Venezuela, Nigeria, Angola y Argelia.

Según la Agencia Internacional de la Energía, un periodo extendido de estos precios bajos podría hacer aumentar la dependencia de países exportadores de Medio Oriente, cuyos costes de producción son más reducidos, al mismo tiempo pronostica que en 2040 las importaciones netas de petróleo de China serán cinco veces superiores a las de EU, e India superará con creces a las de la Unión Europea.

La tensión entre Rusia y Turquía en el marco de la guerra siria también se nutre del oro negro. Moscú, que es su principal proveedor de energía, luego del derribo de su avión, acusó al presidente Recep Tayyip Erdogan de llenarse los bolsillos con el crudo robado por el autoproclamado Estado Islámico.

Mientras la elevada producción está acelerando el peak oil (la tasa máxima de extracción de petróleo global y tras el cual la tasa de producción entra en un declive terminal), los intereses se redirigen y transforman un panorama más confuso, parece ya no haber una voz unívoca como la que causó la crisis de 1973 y algunos actores adquieren mayor protagonismo.

El petróleo sigue siendo la sangre del mundo, pero el desencaje con el paralelismo organicista se manifiesta en que el planeta, además de poseer múltiples corazones que bombean incesantemente, tiene músculos cada vez más cambiantes y activos. Todos los focos apuntan a un continente; con Rusia como rejuvenecida gran potencia, China e India como consumidores progresivamente voraces, Arabia Saudí afianzando su liderazgo dentro de los productores, Irán e Irak reincorporados al mercado, Indonesia readmitida en la OPEP y el Estado Islámico explotando los pozos sirios, con un comercio muy barato que involucraría a Turquía, entre otros, el mapa de la energía se orienta mediante renovadas y mayores implicaciones, que hacen brotar, líquido y crudo, el destino de Asia.

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