SUBSIDIOS GUBERNAMENTALES

Cuando das pan a quien no lo necesita: Guillermo Tatis Grimaldo, hijo

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Hay subsidios necesarios y justificados para allanar las asimetrías sociales y económicas, y otros inoficiosos e incluso redundantes y hasta pérfidos, por muchas razones. Por ejemplo, cuando se destinan a los pobres de dignidad, y cuando se los otorga a quienes no lo necesitan o ya se les ha dado de manera recurrente. Esta última parece ser la nueva y desvirtuada moda de políticos, a mi juicio, porque carecen de ingenio para proponer leyes sensatas.

Valga la ocasión para aclarar, por cuanto ya se ha hablado suficiente pero de forma errada, que el crecimiento económico no sirve de nada porque no llega a los pobres, y que el eficaz y justificado subsidio es una forma de hacer ver que ese crecimiento sí llega a los desfavorecidos, que no tienen manera de participar activamente de la bonanza económica por evidentes limitaciones.

Para corregir una de esas distorsiones, ahora causada por la política de control de precios de una veintena de productos de la canasta básica, el Gobierno ha propuesto un subsidio a los productores de arroz, en crisis, para mitigar sus pérdidas, de $7.50 por cada quintal producido, toda vez que el precio de compra del grano está en $24.50 por quintal, monto que no cubre los costos de producción, sin embargo, se ha viciado porque ha ido a parar justamente a quienes no lo necesitan.

El total del subsidio será de unos 20 millones de dólares, ya que se estima que la cosecha 2014-2015 será de 2.8 millones de quintales. Empero los molineros, por ejemplo, que además son grandes productores del grano, se engullirán $7.50 del subsidio por su producción de arroz, que nadie cuantifica y que, por lo demás, resulta innecesaria y ofensiva para otros productores en crisis endémica, porque en principio es para ellos (que no tienen molinos ni a quién más venderle el grano) y son los que siempre sufren el rigor de los bajos precios impuestos por los molineros-productores para la compra de cada cosecha.

Pero, como si aquello fuera poco, la Resolución del 13 de agosto de 2014 otorga otro subsidio para el apoyo financiero a los molineros (no a los sufridos productores). Se les dará 0.08 centésimos por libra y 0.18 por kilogramo que vendan a los minoristas, y 0.09 y 0.20 centésimos por libra y kilogramo, respectivamente, que vendan a las distribuidoras, manejadas por ellos mismos. Sépase que los molineros, en general, cubren el ciclo completo de producción, elaboración, transformación y comercialización de este grano.

Aun así, no creo que haya voluntad dolosa del ministro sino que, sencillamente, no ha caído en cuenta de los dobles y redundantes auxilios a los molineros-productores, ni sepa tal vez de la Ley de granos de 2013, que ya los subsidia con $5.00 dólares por quintal que produzcan por encima de 120 por hectárea en siembra con sistema de riego, más $2,000 dólares por cada hectárea nueva sembrada de arroz. Algo para lo que, valga resaltar, son los únicos con capacidad técnica de hacer, y lograr rendimientos por encima de 130 y hasta 150 quintales por hectáreas.

El pequeño productor no ha querido entender esto, porque le parece más fácil pedir subsidios y otras regalías, y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, con inútil desempeño, prefiere mantener ese statu quo, que asumir su responsabilidad en el desarrollo de distritos de riego regionales que irriguen las tierras fértiles del país y aseguren la producción nacional. Sin riego y sin semillas de alto rendimiento, los pequeños productores se extinguirán de forma irremediable. Y esto no se resuelve con donaciones.

Volviendo al punto de las gabelas, les cuento que los molineros-productores, además, son beneficiarios únicos e importadores de arroz en cáscara, y lo hacen con la complicidad legal del Mida, a $18.00 dólares el quintal promedio (precio de arroz clase popular) y lo venden pilado por encima de los $50.00, es decir, clasificación tipo especial (precio por encima del de primera).

Si el Mida no aclara este esquema de “regalos” satisfactoriamente, seguirá actuando con ingenua maldad e indignante intención, igual que ha ocurrido con la reducción del arancel a la importación del maíz que, de un plumazo, lo bajó de 40% a cero, y que es otro subsidio, todo bajo el supuesto de producir alimentos más baratos. Pero el arancel cero no benefició a nadie más que a los grandes porcicultores y avicultores, pues los precios no bajaron en ningún rubro, lo que condujo, eso sí, a que unos pocos estén disfrutando un 40% más de inmerecidas ganancias.

El tema, en general, resulta vergonzoso porque cuando das pan a quien no lo necesita, “se tiran la economía por la avaricia”, como dictamina Joseph Stiglitz, Nobel de economía, y obras contra la humanidad, sentencio yo.

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