MEDIO AMBIENTE

El obsoletismo de la Corte de La Haya: Rafael Negret

El rey Salomón ordenó entregar al niño vivo a la madre verdadera, no descuartizarlo, de acuerdo a su ingeniosa treta para descubrir la auténtica progenitora. La Corte de Justicia Internacional de La Haya descuartiza el mar de la verdadera madre, se lo entrega a la que no es y genera polémica y conflictos regionales.

Pero la realidad es peor aún, porque el mundo moderno requiere mecanismos nuevos y científicos para tomar decisiones. El futuro de la humanidad no depende de la buena voluntad, del juego de naipes, de hechicerías, de politiquería corrupta ni de las sectas religiosas y engañosas. La salvación de la humanidad depende del conocimiento científico y allí está el desafío para la sociedad contemporánea, cómo incorporar la ciencia en las decisiones políticas, económicas, ambientales, sociales y éticas. La justicia moderna debe considerar otras apreciaciones y valores actuales. Las Naciones Unidas organizaron la Conferencia de Estocolmo sobre medio ambiente en 1972, “Una Tierra Solamente”, fue su eslogan; la Cumbre de Río en 1992, la Cumbre para la Tierra, 1997; la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo, 2002; y, actualmente, la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Doha. Además, tienen el Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que es uno de los más eficientes ejecutores de los recursos del Fondo Global para el Medio Ambiente. Recursos provenientes de los países más ricos del planeta.

Es desconcertante y preocupante que la Corte de Justicia de La Haya, que pertenece a las Naciones Unidas, no considerara la cuestión ambiental ni social como elementos definitorios en el diferendo limítrofe marino entre Colombia y Nicaragua, dejando en evidencia su obsoleta visión del mundo actual. Especialmente, considerando que en el archipiélago hay más de 3 mil kilómetros cuadrados de arrecifes coralinos, conocidos como Seaflowers y declarados Patrimonio de la Humanidad, precisamente, por otro organismo de Naciones Unidas, la Unesco. Eso no le importó a la Corte. Tampoco analizó que la ambición de Nicaragua –que ya ha hecho concesiones a firmas multinacionales– es explotar petróleo en el archipiélago, donde un solo derramamiento puede destruir ese paraíso que Colombia ha protegido durante 200 años.

Si la Corte Internacional de Justicia de La Haya fuese una institución coherente con las propias Naciones Unidas y con el mundo contemporáneo, hubiese propuesto, al menos, como condición esencial la protección del archipiélago de San Andrés y Providencia y la utilización binacional de las aguas en disputa, permitiendo solamente las faenas de pescadores artesanales raizales y la pesca deportiva. La misma ONU debería financiar, a través de sus propios programas, el desarrollo de proyectos de turismo ecológico y transformar ese paraíso en parque natural protegido, para el encuentro fraternal de las dos naciones, no en motivo de litigio, odios, rapiña y devastación; con posibles implicaciones engorrosas en las fronteras con Costa Rica y Panamá.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

19 Nov 2017

Primer premio

8 0 5 6

CCAA

Serie: 13 Folio: 12

2o premio

9078

3er premio

3785

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código