CONSEJOS DE UNA CIUDADANA

Al oído del Presidente: Lynnette González

Señor Presidente, como panameña preocupada por mi país, estoy insatisfecha con su gestión. Y no me refiero solo al ámbito político, sino también a su labor en lo económico, social y en lo concerniente a la moral. Me sigo preguntando el porqué hizo caso omiso a mi artículo sobre el problema de los envenenados de la CSS, publicado en este periódico, el 29 de abril de este año.

¿Qué tan difícil es atender “ya” la parte de salud de estos seres humanos? Necesitan, con urgencia, medicinas, un hospital, médicos y asistentes exclusivos para ellos; les queda poco tiempo de vida y esta ayuda debe llevarse a sus casas.

Además, deberían darle bonos para alimentos y una cantidad de dinero mensual, estipulada según sea su caso. Las personas enjuiciadas no les devolverán la salud; lo digo hasta el cansancio, porque siento pesar por ellos, aunque no tengo ni un solo caso que esté relacionado a mi persona, gracias a Dios.

En fin, el punto que quiero tratar en esta ocasión es acerca de la asesoría que usted recibe en su gestión, la que –a mi criterio– no está dando buenos resultados. Si en verdad usted posee asesores, ¡bótelos hoy mismo! No sé mucho de política, pero sé que la imagen que uno proyecte es la carta de presentación para el éxito o el fracaso.

¿Será que usted no se ha dado cuenta de su actitud y forma de hablar en público?

Por otro lado, usted necesita trabajar en su imagen física. Use vestidos o camisas manga larga (y más holgadas) o, si prefiere, vista sacos deportivos, con pantalones casuales. En fin, mantenga una figura impecable y formal, no siempre debe estar elegante, pero ahora usted es el Presidente de la República.

Piense antes de hablar, aunque sea brevemente, y ordene sus pensamientos. No es lo que dice, sino cómo lo dice. Por su bien, y el de nuestro país, prepare con antelación sus comentarios y léalos antes, al escucharse sabrá de lo que me refiero.

Debe proyectar más respeto por quienes lo escuchamos hablar. No se emocione, porque tiende a parpadear y hasta tartamudear.

Es maravilloso tener a un Presidente sensible y campechano, pero usted sobrepasa todos los límites. Recuerde que es el Presidente de la República y representa a todos los panameños.

Sé que, en ciertas ocasiones, hasta le han brotado lágrimas en público, pero no puede ni debe demostrar tanta sensibilidad, porque lo ven vulnerable y presa fácil de roer. Dése un tono de altura. El Presidente no debe contestar ningún mensaje que no sea de importancia para la Nación y menos los que no se hagan dentro de un marco de respeto.

No es conveniente, para ningún presidente, el uso de ademanes, burlas, palabras soeces o vulgares para hablar o referirse a nosotros, los ciudadanos que votamos por usted. Es usted quien debe poner orden, pero, ¿cómo lo va a poner, si se comporta igual o peor que otros miembros de su gobierno? Prueba de esto lo vemos en la Asamblea Nacional, supuestamente el órgano encargado del futuro de todos nosotros. Hay que ver cómo se insultan los disputados; no asisten a las sesiones, usan los celulares, no dejan hablar al orador en turno, se burlan de sus “colegas” y hasta se duermen. ¡Un completo circo! En estos casos usted debe responder de inmediato, pero sin ponerse en dimes y diretes. Y debe saber dar una orden con autoridad, no con imposición; con amabilidad, no con insultos, y con mucha elocuencia y carisma. Cada vez que se suscita alguna crítica, usted públicamente dice a sus ministros y copartidarios que “vayan a trabajar”, con esa forma peculiar suya de dar órdenes. Eso lo puede hacer en privado. Los trapos sucios se lavan en casa. Incluso, falla cuando quiere hablar bien de alguien, como cuando ridiculizó al ministro de turismo, diciendo que vivía con su papá y que era el “judío” más pobre que conocía.

Usted hace mucho daño al país con sus palabras y su forma de hablar. Sea más responsable, asesórese en materia de oratoria, busque consejos de los buenos oradores que hay en el país, como Felipe Rodríguez, por ejemplo.

En estos últimos años que le quedan en el poder, proyecte otra imagen y compórtese a la altura de un presidente. Los twitters no le favorecen en nada; demuestre con hechos lo que mil palabras no pueden. ¡No vamos bien! Y usted va peor. No sea tanto usted mismo, porque a decir verdad, su forma de ser es poco profesional.

Póngase en los zapatos de un verdadero presidente de altura y dé pasos firmes y seguros. Recuerde que solo Dios decide y dirige nuestros pasos. Espero que mis palabras no lo ofendan, porque a mi juicio la verdad nunca debe ofender a nadie, y menos en este mundo tan real, nada parecido al de Harry Potter.

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