SOCIEDAD

La paz, una oportunidad para detener el sida: Patricia Pérez

Desde hace 26 años vivo con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Desde 1990 recorro el mundo, organizando grupos de mujeres con mi misma condición en los cinco continentes. Hoy el sida tiene rostro femenino, menor de 25 años, semianalfabeta y pobre. La Organización de Naciones Unidas advierte que la epidemia avanza entre las mujeres jóvenes más vulnerables biológica y socialmente al virus, y encuentra caldo de cultivo en la violencia de género, doméstica y social; en la intolerancia religiosa y en acciones que doblegan su voluntad, haciéndolas actuar como quieren otros, no ellas.

Hoy sé que la paz no es solo la ausencia de guerra, es ausencia de todo tipo de violencia. Las desigualdades de género, acceso diferencial a los servicios de salud y la violencia sexual nos hacen vulnerables al VIH. Las mujeres –en especial la de los sectores pobres– enfrentan barreras en el acceso a los servicios de prevención y tratamiento, dado su limitado poder de decisión, a la falta de control sobre los recursos financieros y a la responsabilidad del cuidado de sus niños, algo que en infinidad de países y culturas, recae solo en ellas.

Ellas disponen de menos información y menos recursos para tomar medidas preventivas. La vulnerabilidad de las mujeres viviendo con VIH se agrava por el estigma y la discriminación que les impide hacer valer sus derechos y vivir dignamente.

Con paz en los hogares, hay posibilidades de garantizar la salud sexual y reproductiva, y tomar decisiones conjuntas en el seno familiar, sobre el embarazo y la crianza; de vivir sin experimentar violencia por parte de aquellas personas que deberían darles apoyo; sin miedo a comunicar su diagnóstico a sus familias y buscar el cuidado que necesitan.

Paz en los vecindarios y comunidades, significa vivir sin estigma ni discriminación; sin temor a ver a sus amigos, a sus vecinos y beneficiarse de los servicios de salud locales; sin preocuparse porque la gente las señale o evite a sus hijos y sus hogares. Cuando reina la paz en los países, los recursos destinados a la guerra, pueden canalizarse hacia donde se necesitan de verdad. Hacia los servicios de salud y de educación.

Cuando la comunidad internacional reconozca la importancia de la paz y su rol para eliminar el conflicto, la pobreza y las desigualdades, veremos cambios globales significativos de amplio alcance en la epidemia del VIH; disminuirá el número de personas vulnerables al virus y quienes viven con él dejarán de sentir que tienen que esconderse o mentir sobre su estatus positivo para evitar castigos físicos.

La Fundación Más Paz, Menos Sida, cuya filial para las Américas ha de radicarse en Panamá este año, 2013, aporta a una cultura que se oponga a la violencia, que genera prejuicios, fanatismos y desigualdad, encontrando aquí una oportunidad para detener el sida.

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