EL MALCONTENTO

El país de los bonos: Paco Gómez Nadal

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El país de los bonos: Paco Gómez Nadal

Hay varios temas sobre Panamá que no se corresponden con la realidad. Ni es el país de los rascacielos (eso solo ocurre en algunos pedacitos de la capital) ni es el país de las oportunidades (eso está reservado para los “juega vivo” de turno) ni es el país de los corruptos (la mayoría de los panameños son honestos) ni es un país Teletón (aunque a veces lo pareciera) ni es el paraíso de los jubilados (al menos no de los nacionales). El lema que se va abriendo paso poco a poco, gracias al encomiable esfuerzo gubernamental, es: “El país de los bonos”.

La tendencia, inaugurada tímidamente durante el gobierno de Martín Torrijos, es ahora un elemento estructural. Es decir, en lugar de garantizar los derechos de la ciudadanía mediante políticas públicas de mediano y largo plazo, los gobernantes prefieren tirar de los mecanismos de emergencia (bonos) para gobernar y garantizar afectos electorales.

Varela parece no tener otra política social. Aunque, en realidad, “en guerra avisada no muere soldado” y desde su primer paso por el Palacio de las Garzas como vicepresidente, Varela ya mostró que sus únicas cartas para ganarle la partida a la exclusión y a la desigualdad eran los bonos.

Que usted no tiene una pensión digna de llamarse así: un bono; que usted es pandillero porque en su barrio no existe la palabra futuro: otro bono; que es madre soltera y tiene cuatro hijos a los que con dificultad puede alimentar, tenemos un bono para usted; que llega la Navidad y nuestra doble conciencia no nos deja dormir, pues 1.5 millón de dólares en bonos para que comamos pavo rotulado con el nombre de nuestro diputado o diputada favorita…

Esto de los bonos tiene un nombre técnico… son parte de lo que se denomina como Política de Transferencias Condicionadas (PTC). Ha sido la gran moda política de inicio del siglo XXI en Latinoamérica donde se ha pasado de tres Estados que tenían PTC en 1997 a los 19 que las practicaban con asiduidad en 2012. Si bien, en la mayoría de los casos la inversión no supera el 0.4% o el 0.6% del PIB (y una parte sustancial supone endeudamiento a través de las instituciones financieras internacionales), se vende de forma populista como la gran acción contra la pobreza, aunque no genere ningún tipo de proceso de inclusión política o de educación en derechos a la población “objeto”. Es decir, los objetos victimizados deben subsistir, pero no participar. Tampoco son las PTC parte de una política de estado estructural, sino que quedan al albur de los presidentes de turno.

Al ser así, las PTC ni acortan las brechas de la exclusión ni consolidan un estado del bienestar en el que sus ciudadanos se sientan protegidos. A punta de bonos, de PTC, no se mejora la atención sanitaria, ni la calidad de la educación, ni la soberanía alimentaria, ni el clima de seguridad pública… No se hace porque una PTC tiene sentido solo como una medida de urgencia y con un corto plazo de aplicación mientras se establecen los mecanismos legales y ejecutivos para solucionar los problemas de fondo.

Sin embargo, nuestros presidentes (nuestro presidente Varela), usan los bonos como una fórmula de marketing político que, además, alimenta el clientelismo político. De hecho, el mayor experto en esto de las PTC (aunque no creo que conozca su nombre técnico) es Chello Gálvez, que a punta de mercados y “regalos” envenenados mantuvo secuestrada la voluntad política de El Chorrillo durante lustros. Mientras Varela pretende alegrar la Navidad con 1.5 millón de dólares para todos los circuitos, Chello repartió solo en 2013, 2 millones de dólares traducidos en bolsas de Navidad. Todo un maestro.

Si las grandes ideas del nuevo gobierno solo se traducen en 50 dólares en bonos para pandilleros o en partidas sin condiciones para que cada diputado haga su Navidad a punta de 25 mil dólares o en un millón de dólares para las ONG procedente de los “ahorros presidenciales”… si eso es todo, entonces ya sabemos lo que nos espera en materia social: un permanente Teletón vacío de contenidos que permita al Presidente (y a muchos diputados) tomarse la foto al donar una casa a Eduardito, mientras la mayoría de los panameños sigue esperando, por ejemplo, una sanidad pública y un seguro social que los atienda con calidad, de forma gratuita y con dignidad. Poco más (nada menos).

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