FRENOS PARA LLEGAR AL PRIMER MUNDO

El país quiere, pero nosotros no: Javier Barrios D.

Enrumbar el país por senderos hacia el codiciado “club” del primer mundo, es tarea harto difícil. El problema somos todos, cada uno desde su “trinchera” que, condicionados por factores genéticos, culturales, de educación y del entorno, no estamos diseñados para actuar con responsabilidad, honestidad, transparencia, etc. Somos imagen y semejanza de nuestros progenitores, agravados por el mal ejemplo de maestros, políticos, funcionarios, empresarios, gobernantes, etc... un lastre, una cadena.

No obstante, hemos dado pasos trascendentales, como, por ejemplo, tomamos la determinación de administrar eficientemente el Canal, incluso mejor que Estados Unidos, y aprobamos su ampliación; algunos gobiernos han administrado adecuadamente las finanzas públicas, se han realizado grandes obras en infraestructura y una buena promoción internacional de inversiones; etc.

Un día el mundo, cual Rodrigo Galván de Bastidas, descubre a Panamá, a la jovencita de cintura estrecha, que de esclava o sirvienta de Estados Unidos está pasando a profesional independiente (pregraduanda). Se realizan millonarias inversiones en el sector inmobiliario, turístico, portuario, transporte, aeropuertos, etc. La economía crece y alcanzamos el anhelado grado de inversión, “club” al cual solo pertenecen cuatro países latinoamericanos.

Todo esto le ha permitido a los últimos gobiernos aumentar las recaudaciones fiscales y, al actual, tener acceso a préstamos más blandos y con ello incrementar las inversiones públicas, aunque la deuda social sigue siendo la cenicienta.

Las perspectivas son buenas (no eternas), incluso con posibilidades de convertirnos en el hub de las Américas, no solo en transporte aéreo, comercio, banca, sino en servicios de salud, educación superior, entre otros. O sea, las condiciones se han venido dando, tenemos fortalezas y oportunidades que no podemos desperdiciar; hasta The New York Times nos ubica de primeritos, pero no somos conscientes de nuestras debilidades y amenazas ni hemos entendido que el asunto es en serio. Panamá es como esas famosas artistas, que no pueden administrar su belleza física, porque adolecen de belleza intelectual (inteligencia emocional), por eso, normalmente son explotadas.

Acostumbramos votar por determinado candidato sin el más mínimo atisbo de conciencia cívica y social; por intereses político-personales, por emoción, porque el candidato es un payaso, loco, chabacano, bravucón, incluso, ¡porque es bello! De allí surge aquella máxima que dice: “Los pueblos tiene los gobiernos que se le parecen” o peor, “el que se merecen”.

Es así como los gobernantes, unos más otros menos, en su afán de brillar, de dejar un legado para la eternidad (sus “pirámides”, cual faraones) y preocupados por su futuro político, más que por el bienestar social y el desarrollo económico, terminan improvisando, despilfarrando recursos, invirtiendo en proyectos sin el más mínimo análisis de costo beneficio y corruptos.

A Mr. 99, que ganó la Presidencia de manera incuestionable, pareciera que le sobran las ideas y las ganas, y hasta puede estar lleno de buenas intenciones (¿?), lo cual es condición necesaria, pero no suficiente, pues hay que trabajar y hacer los cambios en forma ordenada, sin atropellos, con responsabilidad, honestidad y transparencia, en el marco de la ley y fortaleciendo la institucionalidad democrática.

El problema estriba en que mucho de lo que el Mr. hace con las manos termina destruyéndolo con los pies (avanza y retrocede); ha querido controlar todo el andamiaje gubernamental, pero se ha sobrepasado y se le está yendo de las manos; no resiste la crítica y quiere que los medios destaquen sus buenas acciones, cuando es su deber hacerlas, como si la inmensa publicidad que ha desplegado no le bastara, en la que terminará gastándose casi B/ 400 millones en su período, muy buenos para reducir la pobreza, ¿verdad? Por ello se ha volcado en contra de la oposición, de los medios de comunicación, empresarios, etc., faltándole solo la iglesia, los médicos, los maestros y los obreros (más allá de la brutal represión de Bocas del Toro). El tiempo se le va y las promesas de campaña se van quedando.

Esa situación le produce un estado de hiperactividad y desesperación tal, que ha terminando con una “estrategia esquizofrénica” bajo el brazo, que lo induce a improvisar, a hablar y actuar sin pensar, trastabilla, atropella, ve enemigos por doquier, etc. Harto se ha dicho que nos tiene viviendo en un estado de permanente zozobra o desasosiego.

De seguir así, sumado a una posible espiral inflacionaria y a la campaña política que se avecina, podría producir tal efervescencia y descontento social y político, que Mr. 99 puede terminar matando la gallina de los huevos de oro. El país quiere, pero él no... no sabe cómo hacerlo.

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