REFLEXIÓN

El paroxismo del fútbol: Iván Samaniego

Es indudable que el fútbol es uno de los deportes que mayor pasión produce en la gente. Su capacidad para generar emociones como la ansiedad, ira, alegrías y los temores, puede inclusive llegar a producir los actos más salvajes y violentos entre su fanaticada, y de ello hay múltiples antecedentes en países europeos, suramericanos y hasta en el nuestro.

¿Cuál será el misterio? Son 22 personas tras una pelota, pateándola de un lado a otro, para meterla en el arco del contrario. Es simple, pero para algunos se vuelve una “ciencia” digna de los análisis más profundos. En Panamá el fenómeno es más interesante, pues a pesar de que no se considera una nación futbolizada, como Argentina o Brasil, es curioso ver el comportamiento de la gente en las calles y durante los juegos de la “Sele”.

Los partidos logran que la mayoría de la población se desconecte de los problemas cotidianos, pues este deporte es una especie de sedante natural, y genera una euforia digna de las drogas más poderosas. Sin embargo, en mi humilde opinión más que una pasión natural del panameño es un paroxismo, astutamente construido por el engranaje de los medios de comunicación. Es decir, se trata en todo caso de un paroxismo mediático, que crea en el panameño una especie de mundo surrealista, pletórico de fantasías heroicas, discursos de esperanza y nacionalidades defendidas. Pues, al parecer, la identidad nacional se funde con la de cada jugador, cuyo narcisismo colectivo lo representa el color de una camiseta. Una especie de representación simbólica de la identidad nacional, alienada en los llamados guerreros, gladiadores y hasta héroes.

Aunque para mí este es un fenómeno psicológico aplicable a cualquier otra nación del mundo, en Panamá parece que se nos olvida que se trata de un simple juego, un deporte. Los medios televisivos locales se vuelven, por varios días, canales deportivos; los noticieros solo abarcan el monotema del fútbol, y no hay información más relevante en esos días que aquella sublime obsesión. Así muchos –que no lo eran– se vuelven especialistas en deportes. Acepto que el soccer es uno de mis deportes favoritos y que disfruto de dicho espectáculo, pero convertirlo en la razón de mi goce y frustraciones personales sería absurdo.

¿Será que en Panamá no hay cosas más importantes en qué pensar, discutir o analizar? Ojalá ese mismo paroxismo lo generara la ciencia, la educación o el arte. Ojalá otras disciplinas movilizaran tantas emociones. ¿Por qué no crear concursos de pequeños inventores para generar el mismo entusiasmo? ¿Por qué las televisoras no le dieron tanta relevancia a los ganadores de las medallas de oro, plata y bronce en las Olimpiadas Centroamericanas y del Caribe de Química, de la que me enteré gracias a las redes sociales y a este diario? Concluyo que esta es nuestra cultura y que, sin duda, los medios de masas son la causa y el efecto.

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