TRANSPORTE PÚBLICO DE PASAJEROS

El ocaso de los lobos plateados: Víctor Hugo Herrera Ballesteros

Desde los tiempos de los antiguos jerarcas del transporte público de pasajeros en Panamá se acuñó este término, no solo para describir literalmente su carácter de dirigentes, sino también de su control sobre las rutas de transporte organizadas y administradas bajo esquemas que hoy día llegan a su fin. Como miembros de la vieja escuela, han legado sus tácticas circunscritas a un modelo de manejo del negocio y prestación del servicio, basado en empresas prestatarias y a la negociación de tarifas, discutidas al menos cada nuevo lustro y decididas, en muchos casos, más de manera arbitraria o por intereses políticos de las autoridades de turno que con fundamento en estudios técnicos serios en la materia.

El uso rudimentario y precario de las normas de contabilidad, deficiencias organizacionales de las rutas y de la administración de las unidades vehiculares, sobre la base de cuentas diarias y pagos de zarpes, hoy día son anacrónicos, aunque algunos de sus actuales dirigentes sustenten lo contrario, pues dichos métodos se han quedado desfasados frente a los nuevos esquemas de administración y organización del transporte en el entorno regional, bajo el sistema de las empresas concesionarias, en las que se establecen sistemas de pago mediante el uso de tarjetas prepagadas, flotas de transporte que deben renovarse mediante planes a mediano y largo plazo bien estructurados, el uso de cuentas bancarias, mediante fideicomisos que permiten la distribución del capital de trabajo y de dividendos de forma ordenada y transparente, contrario al manejo discrecional y desperdicio de los recursos, que conlleva a descuidar el mantenimiento y renovación de las flotas vehiculares. Por el contrario, las empresas concesionarias, deben contar con talleres, hangares, estaciones de combustible, compras de piezas y equipos de manera centralizada, aprovechando las economías de escala, entre otras facilidades, que les permiten mantener una logística ininterrumpida de prestación del servicio al público, al operar a escalas mucho mayores e integrar y coordinar las rutas internas con las interurbanas, bajo una misma administración.

Los contratos de concesión, bien estructurados, sin fueros ni privilegios para las empresas extranjeras en detrimento de las locales, conllevan a esquemas de negociación definidos y que se pueden utilizar para la negociación de tarifas sobre la base de variables objetivas, contrario a los viejos métodos de conteo y distribución de pasajeros, que resultan muchas veces sesgados.

Los viejos y nuevos dirigentes de este sector y del gobierno deben comprender que para que el negocio del transporte siga en manos de los panameños, es importante cambiar algunas actitudes y aptitudes, que permitan comprender que el nuevo modelo de organización y administración del servicio de transporte ha cambiado; y que de seguir con sus viejas tácticas, este negocio pasará a ser controlado por las empresas transnacionales del transporte, tal como ocurre en diversos países de la región, integrando verticalmente el transporte colectivo y selectivo de pasajeros, con poca o moderada resistencia local, por la prevalencia de dirigencias desfasadas y carentes de nuevas ideas.

Los nuevos lobos del transporte también han perdido el olfato y se siguen aferrando a viejos esquemas que ya no son funcionales a las nuevas realidades. El modelo de transporte público de pasajeros siempre debe ser funcional a los cambios sociales, a los modelos de urbanización subyacentes y a la evolución de la economía, pues las leyes sociales que rigen el mercado no son ajenas a ningún tipo de actividad económica. Por consiguiente, los dirigentes de este sector deben evolucionar y no quedarse como viejos fósiles, que en vez de impulsar cambios los obstaculizan, al no tener un liderazgo capaz de afrontar las nuevas transformaciones.

Los cierres de calle, caravanas, bloqueo de terminales, presiones políticas, entre otras tácticas, no son efectivas frente a los cambios que están en marcha en un mundo globalizado. La reestructuración del sistema de transporte público de pasajeros, requiere abandonar estos métodos que han dejado a este sector sin sus aliados naturales, en este caso, la comunidad.

Es el momento de ser inteligentes y hacer las alianzas estratégicas que permitan adoptar el modelo de empresa concesionaria que ya es inexorable. El negocio del transporte público de pasajeros es de los panameños y debe seguir siendo explotado por los panameños y para los panameños. Es hora de deponer egoísmos e intereses personales y mirar más allá de nuestras narices.

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