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NUEVO RUMBO

No podemos hacer lo mismo y pretender que las cosas cambien: Annette Planells

No podemos comparar, ni remotamente, las actuaciones de este gobierno con el anterior. Siquiera mencionarlo en la misma frase es impensable, pero tampoco podemos conformarnos con “mejorar”. Los problemas en Panamá son graves y para resolverlos se requieren cambios profundos.

En lo económico, tenemos un escenario de crecimiento, pero a la vez grandes necesidades en un sector amplio de la población que no participa del mismo. Es un grupo muy grande de personas con necesidades inmediatas, que no se satisfacen con un bono, un juguete o una bicicleta. 

Nuestros recursos son escasos, y si los distribuimos improvisadamente sin enfocarlos ni canalizarlos de la forma apropiada, a través de programas diseñados con objetivos claros, por instituciones organizadas y con sistemas para garantizar que se alcance a los panameños que de verdad lo necesitan, solo desperdiciaremos estos valiosos recursos. Y en ese proceso incluso afectaremos la dignidad y la oportunidad de superación de las personas que más requieren de ayuda.  Esto sin contemplar el daño que le hacemos a la democracia por seguir alimentando el clientelismo. Este ha crecido tanto que ahora la población confunde lo que debe esperar de sus diputados, alcaldes y representantes.

Fuimos testigos del exceso de obras de infraestructura, algunas innecesarias y con graves acusaciones de sobrecostos. Por ello, es importante auditar y deslindar responsabilidades antes de seguir cometiendo los mismos errores.  El objetivo debe ser siempre el de satisfacer una necesidad prioritaria de la población, evitando caer en el juego de construir obras para satisfacer percepciones o intereses políticos. En esa línea, hemos adoptado malas costumbres políticas que hay que erradicar, y para hacerlo se necesita voluntad firme y acciones disruptivas, que demuestren la verdadera intención de lograr un cambio. Es decir, no ir poco a poco mejorando las cosas de manera incremental, se requiere de un esfuerzo extraordinario que envíe un mensaje claro e inequívoco para cambiar el rumbo.

Por eso, no podemos seguir escogiendo las normas de transparencia con las que nos sentimos cómodos. Después del saqueo del que fuimos víctimas, es comprensible la desconfianza y la necesidad de información clara, oportuna y acertada. Se ha demostrado que las normas de transparencia aplicadas de manera integral pueden prevenir los casos de corrupción y devolverle a la sociedad la tranquilidad de que sus recursos son bien administrados.

Hay que ser cautelosos, pues hoy en día todos vivimos en una vitrina y cada movimiento en falso puede ser aprovechado y exagerado para hacer daño. Hay temas que afectan la imagen del gobierno innecesariamente. Debe prevalecer el sentido común para evitar el desprestigio que pueden generar las decisiones inocentes, sobre todo, aquellas que nos recuerdan de los abusos del pasado.

Heredamos la costumbre de aceptar órdenes y hemos perdido el valor de decir no, pero es ese valor el que más necesitamos ahora.  Contamos con un equipo de gobierno de lujo, conformado por excelentes profesionales, bienintencionados, pero es necesario que ellos se opongan con firmeza cuando no están de acuerdo.  El mejor colaborador no es el que sigue fielmente las instrucciones, sino aquel que cuando no está de acuerdo con una medida expresa su oposición y pone su puesto a disposición –si es necesario– para evitar que se cometan los mismos errores que, al final, nos cuestan a todos los panameños. Me pregunto, ¿cuántas personas del gobierno anterior se arrepienten ahora de no haber dicho “no” en el momento adecuado?

Por último –y no por eso menos importante– revisemos las normas que nos rigen como sociedad para actuar de forma responsable. Hay que educar a la población y aplicar los mecanismos para que participe en la búsqueda de medidas que nos permitan convivir con equidad, respeto a la institucionalidad y buenas prácticas para acabar con la corrupción.

Aprovechemos estas fiestas para reflexionar acerca de la enorme responsabilidad que tenemos, tanto los gobernantes como los ciudadanos de este país. Contamos con grandes capacidades y recursos para cambiar el rumbo en un futuro cercano y convertir a Panamá en un país de oportunidades, con una sociedad próspera y feliz. @aplanells

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