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PERFIL DEL CANDIDATO PRESIDENCIAL

¿Por qué votar por un ´ñato´ político?: María Nelly Broce de Figueroa

La civilización griega estableció, hace miles de años, normas que aún nos rigen para casi todas las disciplinas del quehacer humano. Los cánones para la escultura señalan que para lograr un rostro humano perfecto el ancho de la nariz debe corresponder a la medida de la separación entre los dos ojos.

Si la tienes regada y chata, con fosas nasales que parecen absorber el oxígeno del mundo entonces, eres un ñato. Así, todo aquel que no tenga perfil político es pues, un ñato político.

El perfil de los políticos que pretenden representarnos debe contar, entre otras cosas, con moral y ética, de la que deben dar testimonio fehaciente; experiencia en el manejo de la administración pública; preparación académica o técnica; vocación política con raíces en la experiencia; conocimiento del mundo que les rodea y de su propia comunidad. Además, deben tener dotes de orador, expresarse con ideas claras, demostrar capacidad para la planificación de programas y proyectos racionales; saber empinarse sobre los esquemas utópicos y demagógicos que utilizan la miseria humana o la incapacidad de sus antecesores; reducir lo absurdo, ridículo y chabacano; ser conciliador y capaz de manejar el caos y, lo más importante, transmitir esperanza y cumplir.

Este es, sin duda, el perfil más o menos perfecto de un político para cualquier posición.

Nos preguntamos, los electores, hasta cuándo los partidos presentarán candidatos, inmorales o amorales, codiciosos, ignorantes, maleantes e incompetentes; gentuza que aparece cada quinquenio con un despliegue de maratones publicitarios para acceder a la ubre nacional.

¿Hasta cuándo debemos resignarnos a vivir en las tinieblas del error y a caminar en círculos, durante cinco años? A la mayoría de los electores se nos secó el pozo de la paciencia y la tolerancia; estamos comprometidos con la patria a votar con conciencia, y los partidos políticos están obligados a ofrecer las opciones que nos permitan escoger al mejor, no al menos peor.

Cuando amanezcan los días de la campaña para el 2014, la crispación que vivimos a diario por los tranques, los baches, la desidia de las instituciones para postergar las demandas apremiantes, el uso exagerado de recursos para los megaproyectos que no resuelven los problemas de la vida cotidiana y el despilfarro, darán paso a la ira y a la frustración. Aparecerán los eslóganes de campaña que no siempre mienten y que debemos aprender a descifrar y a cuestionar cuando faltan a la ética, a los valores y a las normas idiomáticas. Tenemos que reconocer que el lema de campaña que comprometió a la juventud para el triunfo de Torrijos era “sí se puede”. Ahora sabemos qué era lo que sí se podía, y que al de “cero corrupción” le faltó una consonante, la “r” de cerro.

Cambio Democrático (CD) nos convenció, tres años después, de que “los locos fuimos más”. Nos anunció con la tenacidad del vendedor ambulante de Pedrito Altamiranda que “el cambio iba”, pero hábilmente no dijo para dónde, hoy también lo sabemos. “Ahora le toca al pueblo”, para este solo se me ocurre “una gruesa parolaccia” (palabrota), como dicen los italianos.

Como muestra de lo que nos espera hemos recogido algunos eslóganes, por ejemplo: “¿Ey, sabes cuál (quién) es la q´ es?”. ¿Puede usted, amable lector, exprimir sus neuronas para analizar el contenido y la profundidad de este mensaje?

“Frank es el man”, otro mensaje profundo, para bilingües. Duró poco el man, se quedó en la gatera. Otro candidato anuncia: “Juntos... es posible”, tendremos que preguntarnos, una vez más, ¿qué será lo que podemos hacer juntos? Probablemente no tendremos que resolver el enigma, es casi seguro que se difuminará con la primaria de CD.

Hay un viejo proverbio que reza más o menos así: “El triunfo de los mediocres o de los malos, se debe al silencio de los buenos”. Los capaces no pueden permitir que los gobiernen los incapaces.

Cuando nos expresamos de manera crítica, con sorna o sin ella, saturamos a una población que es la que vive, conoce y resiste; de nada sirve que nos quejemos de todo, si no somos capaces de proponer qué hay que hacer y cómo hacerlo.

Me aventuro a enunciar algunas formas que puedan contribuir a corregir estos males endémicos. La cuestión primordial es lograr que los partidos políticos postulen a candidatos que tengan el perfil para gobernar.

Los medios de comunicación (todos) deben presentar biografías de ciudadanos panameños honorables y capaces. También, referirse a la política de manera positiva, ya que de los políticos es que depende el éxito o el fracaso de la nación. A canalizar el esfuerzo de periodistas objetivos. A las redes sociales les corresponde transmitir los nombres de los ciudadanos que puedan postularse por un partido o como independientes. A la sociedad civil organizada, apoyarles y estimular a los candidatos.

Finalmente me permito ofrecer, de una lista de centenares de panameños(as), algunos nombres: Carlos Bolívar Pedreschi, Carlos Guevara Mann, Juan Planels, María Eugenia Guardia, Lina Vega Abad y Berna Calvit. Cada quien con las cualidades para representarnos. Aumente usted la lista con todos los que conozca y anúnciela, pero no permita que se le cuele ningún gazapo. ¡No a los ñatos políticos!

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