INSEGURIDAD

¿Vendrá la violencia de la región a Panamá?: José Vicente Pachar Lucio

La semana pasada, aquí en Panamá, en un paraje apartado, se hallaron los cuerpos de dos jóvenes maniatados y ejecutados; también hemos tenido casos de personas desaparecidas, mutilaciones post mórtem y entierros clandestinos. Por otra parte, en México, hace ya dos meses, en el estado de Guerrero, 43 estudiantes normalistas desaparecieron; días más tarde, el jefe del Ministerio Público de ese país presentó un informe del avance de las investigaciones.

Los chocantes detalles que presentó el procurador son un tenebroso reflejo de actos de brutalidad, incomprensibles e inaceptables. Ante tales sucesos, los que realizamos tareas de investigación forense preguntamos: ¿Hay relación entre lo que pasa en México, en algunos países de Centroamérica y las inusuales formas de violencia en nuestro país?

El incidente de Guerrero desató protestas masivas en México e indignación en el resto del mundo; las narraciones de la forma en que los jóvenes, presuntamente, fueron asfixiados o ejecutados con armas de fuego y, luego, sus restos incinerados y fragmentados, quedarán grabadas en el inconsciente colectivo como perversas referencias de la ilimitada degradación moral de algunos seres humanos.

En esta etapa de las investigaciones es clave el aporte de las ciencias forenses; es más, los familiares no aceptan que ellos han muerto y esperan las pruebas científicas que confirmen la versión de las autoridades. Se trata de una tarea difícil por el deterioro intencional del material de análisis, necesario para las identificaciones. Pero este incidente es solo uno de varios similares o peores que han impactado la opinión pública mexicana, con una creciente percepción de inseguridad, en que la violencia social y político-institucional pareciera tener presencia permanente. Según los medios de comunicación, más de 100 mil homicidios han ocurrido desde el 2006. Otros ejemplos son los cientos de casos de feminicidio en ciudad Juárez; la cantidad de cuerpos mutilados, calcinados, decapitados, encontrados en plazas, carreteras, puentes y otros lugares públicos, así como las múltiples fosas clandestinas en diferentes estados.

Más allá de la frontera entre México y Guatemala, pareciera que esas formas de violencia, causadas por grupos del crimen organizado, algunos de ellos vinculados a servidores públicos, se han extendido a la región causando un elevado número de víctimas y un considerable costo social. Guatemala, Honduras y El Salvador son países con altos índices de criminalidad y tasas de homicidio, con ciudades como San Pedro Sula, en Honduras, que tiene la más alta incidencia de homicidios en el mundo.

En Panamá, desde los últimos años, somos testigos del incremento de muertes violentas de características parecidas, no con esa frecuencia y magnitud, pero que evocan métodos propios de maras y otros grupos criminales de la región. Estamos a tiempo de reforzar la capacidad de respuesta de nuestras instituciones de justicia y policía para garantizar que vivamos en un país seguro.

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